Por Mary Velázquez Dorantes

Frágiles emocionalmente, intolerantes a la frustración, esquivos del fracaso, aislados de los adultos, pero al mismo tiempo codependientes de sus padres para resolver los problemas. Nacidos entre los tiempos de incertidumbre, crisis social y movimientos colectivos. Fascinados por la tecnología, las marcas y la sociedad de consumo; ansiosos por obtener estatuto social y aceptación en círculos sociales, extremadamente visuales y obsesionados por el entretenimiento. Así definen a la generación cristal.

Esta generación de jóvenes son competitivos unos con otros, amenazantes y retadores frente al éxito. Sin embargo, atrapados frente a un mundo que no les gusta enfrentar, esquivos ante cualquier dificultad que se les ponga de frente. Tan transparentes como el cristal pero tan delicados al mismo tiempo. Quizás estemos frente a una de las generaciones más llamativas de la historia. Les gusta la preparación académica, los viajes, la vida, pero al menor problema sus emociones colapsan, sus pensamientos se vuelven catastróficos y la idea del suicidio llega sigilosamente a ellos.

La mayoría de ellos son en estos momentos universitarios, viven frente al exterior y evaden la reflexión o meditación.

GENERACIÓN FRÁGIL

Los abuelos de esta generación establecían relaciones sólidas. Creían en el compromiso, el matrimonio, el trabajo perdurable; sin embargo, la generación cristal observa una vida menos sólida, con relaciones provisionales, trabajos atemporales, ansiosos de las novedades afectivas. Estos jóvenes de 18 a 25 años de edad no reconstruyen nada; para ellos todo puede ser reemplazable, sustituyen lo que parece viejo.

El miedo es la emoción más paralizante para ellos; creen que las cosas no durarán para toda la vida, y la devastación emocional es parte de su rutina diaria. Algunos de ellos son tan frágiles que han sido diagnosticados con una salud psíquica débil. La toma de decisiones no es su fortaleza, y sus problemas se desbordan en un abrir y cerrar de ojos. La angustia existencial los envuelve y la incertidumbre es su constante. Son frágiles porque emocionalmente no son estables. Les gusta desplazarse en todos los sentidos y sus afectos cambian de forma constante. Para ellos la renovación intelectual es una exigencia y buscan experimentar en diferentes entornos laborales.

CREATIVOS E INNOVADORES

Está generación nació en el 2000. La tecnología para ellos significa el contacto con el mundo. Son creativos e innovadores, se adaptan prontamente a los entornos digitales, poseen una alta sensibilidad con las personas y con el medio ambiente, son profundamente ecológicos y sus habilidades están motivadas por alcanzar siempre el éxito, ya sea mediante un videojuego o en sus notas escolares. Algunos han sido tipificados como hiperactivos, evitan los problemas y se mantienen lejanos ante las crisis.

Aprecian los estados bellos de la vida y son alegres frente a situaciones que nos les estresen, disfrutan el estar solos y aprecian los momentos de tranquilidad. La mayoría de ellos no teme a mostrarse auténtica y transparente, para ellos la dignidad de la persona es lo que más vale, usan la creatividad para mejorar las situaciones y colaboran con el cuidado del planeta.

JÓVENES SILENCIOSOS

Si algo distingue a la generación cristal es el silencio. Optan por ser pasivos y serenos; el hecho de temer a los conflictos los hace ser evitativos ante cualquier crisis.

Su individualismo es una característica notoria en ellos. Perciben un mundo con fecha de caducidad, y el silencio es la respuesta al miedo que sienten frente al compromiso. Para ellos la vida se vive en episodios, utilizan aplicaciones para buscar parejas o entablar relaciones sociales; no desean echar raíces; en una reunión social pueden tomarse buena parte del tiempo antes de iniciar una conversación; son introvertidos; su futuro es no planificable. No tienen una cultura del ahorro, sus acciones son realizadas siempre a corto plazo. La mayoría de ellos padecen el sentimiento de impotencia frente a todo lo que les rodea.

Su fragilidad los ha colocado como una generación que puede dar muchas sorpresas. La inestabilidad en la que viven ha provocado que sus padres los sobre protejan de la realidad. Para ellos la frase comprometerse es nada y el para siempre no existe; son ligeros, delicados, y le han pedido a los adultos que intervengan en situaciones que consideran de riesgo.

Publicado en la edición impresa de El Observador del 12 de enero de 2020 No.1279