Por Hno. José Ernesto Hernández Rodríguez, msp.

Para bien o para mal el celular forma parte ya del día a día de muchísimas personas, sin importar edad, ni condición social. Tiene largos alcances en nuestra vida y de manera generalizada en las relaciones interpersonales en que todos nos vemos inmersos; tan es así que, según datos de la Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información y la Comunicación en los Hogares que realizó el INEGI en colaboración con la Secretaría de Comunicaciones y Transportes y el Instituto Nacional de Telecomunicaciones publicada el 2 de abril de 2019, el 93% de la población mexicana se conecta a internet por medio de su celular.

Hay 74.3 millones de usuarios de internet que van desde los seis años de edad en adelante; los números reflejan una realidad en la que debemos prestar mucha atención.

Ante esto, decir si el celular es aliado o enemigo de tu familia sería hacer un comentario demasiado polarizado. Lo que sí es cierto es que en el uso desmedido del celular, tablets, u otros aparatos inteligentes la familia ha venido sufriendo algunos descalabros: padres ausentes, hijos «endiosados» con el uso del celular y desconectados de la realidad, incapacidad para relacionarse con los que están cerca, falta de comunicación entre los miembros de la familia, problemas de ansiedad entre los miembros, y en casos extremos hasta ha favorecido casos de infidelidad en algunos de los cónyuges.

Esto sí que es alarmante, en estos supuestos el celular sí llega a convertirse en enemigo de la familia. ¿Qué hacer ante esta alarmante realidad? Veamos algunos sencillos pasos, pero que requieren de una fuerte voluntad para llevarlos a cabo.

La aceptación: Cuando una familia está viviendo este fenómeno donde el uso desmedido del celular está ocasionando problemas, debe haber la capacidad de todos, o al menos de un miembro del hogar, de aceptar el problema y tomar decisiones determinantes para evitar que la situación crezca; aceptar el problema es el primer paso para el cambio.

Determinar si son necesarios: ¿Es necesario para todos los miembros del hogar el uso de un celular? Esta pregunta en apariencia puede ser sí, pero no siempre es así. Los niños, no necesariamente deben tener celular o aparatos inteligentes. Algunos padres han proveído a sus hijos de estos medios como una salida fácil para que sus hijos «dejen de molestar» o tengan algo con que «distraerse». Los niños, siempre que usen celular, deben hacerlo bajo la supervisión de un adulto.

Fijar horarios: Esto será indispensable, para todos los miembros del hogar; solo así se adquiere disciplina en el uso de estos medios, además que es un blindaje para evitar que en horas no adecuadas, sobre todo los niños y adolescentes, naveguen en sitios no tan sanos.

Llegar a la mesa sin celulares: «Cuando los hijos están a la mesa pegados al móvil o a la tableta, y no se escuchan entre ellos, eso no es una familia. ¡Es una pensión!», «Una familia que no come unida, o que cuando lo hace no dialoga, o está con su televisor, con su móvil, es una familia poco familiar…», comentó el Papa Francisco en una audiencia de los miércoles del pasado 13 de noviembre de 2015. Las comidas son el lugar más preciado para hablar en familia, de compartir experiencias, de planear actividades, de compartir penas y alegrías, etc., no son tiempo para aislarse.

Seleccionar los contactos: no se debe proporcionar el número de celular propio o de algún miembro de la familia a cualquier persona, esto resulta muy grave; se abre la posibilidad a la extorsión, se puede filtrar información que es solamente de la familia, además que así han iniciado los casos de infidelidad, que ha destruido familias.

Participar de algún apostolado en la Iglesia: La pereza es cómplice de que el uso del celular se apodere de cualquier miembro de la familia. Es necesaria siempre la búsqueda de Dios y servirle. Participar en la Iglesia permitirá que se invierta tiempo en Dios, que se fortalezca la familia con la gracia de Dios mediante el servicio y la vivencia de los sacramentos. Así la fe crece y solo de este modo podrán las familias de hoy hacerle frente a tantos males de hoy que tienen como objetivo destruir a la familia.

El uso del celular es bueno, no se trata de condenarlo; pero no se debe olvidar que será un aliado solo cuando ayude a facilitar la comunicación entre todos los hombres y no cuando venga a destruir las relaciones entre ellos, mucho menos cuando por un uso inadecuado destruya a la familia.

Publicado en la edición impresa de El Observador del 16 de febrero de 2020 No.1284