Por Sergio Ibarra

En América Latina, en Francia y en Hong Kong se están produciendo acciones que intentan alterar el orden o la forma en que marchan las cosas o desobediencias civiles de nuevos tipos que vulneran el principio de autoridad y el estado de Derecho.

Las alteraciones de la región de América Latina de los últimos sesenta años obedecieron a ineptitudes políticas, como los casos de Venezuela, Colombia, Nicaragua y Ecuador, y a desencuentros ideológicos, como los casos de Chile, Argentina y Uruguay.

Las revueltas de hoy en Chile, por ejemplo, anuncian que la situación ya no es la misma. La modernidad, la sociedad interconectada y empoderada, la aparición de liderazgos múltiples y de grupos anárquicos y violentos, conforman una nueva forma de alteración del orden, que no tiene nada que ver con los guerrilleros cubanos o centroamericanos.

Una revolución molécular

Félix Guattari, psicoanalista francés, explica el fenómeno como una revolución molecular. Ya no es la lucha entre dos bandos, sino la combinación de demandas pacíficas, pero también con violencia. En días pasados hemos sido testigos de un conflicto por el delito del acoso sexual en la UNAM y feminicidios cometidos no resueltos. Una revolución que no va a parar y menos ante la respuesta del Gobierno Federal.

La vandalización y agresiones múltiples a edificios históricos es una manifestación de esta violencia, con la presencia de encapuchadas y encapuchados que hacen lo que les viene en gana.

Una inteligencia de seguridad

El conflicto no se puede aplacar con acciones coercitivas o imponiendo la fuerza. Se requiere de una inteligencia de seguridad que va más allá. Estos nuevos conflictos nos han sorprendido y requieren soluciones y acciones sagaces que pongan en paz a los contendientes.

Publicado en la edición impresa de El Observador del 23 de febrero de 2020 No.1284