Por Rubicela Muñiz

Muchos se burlan de nosotros los cristianos porque nos dejamos guiar por un sacerdote o porque le contamos aquello que hemos hecho mal, buscando el perdón de Dios en el sacramento de la confesión. Suelen cuestionar: ¿cómo alguien que es igual que yo me puede perdonar? No alcanzan a entender lo que para nosotros es tan familiar.

Pero muchos de ellos, a su vez, siguen a líderes comerciales, artistas, “youtubers”, “influencers” que en ocasiones sólo muestran su lado más amable, su mejor cara, su mejor pose.

Todo aquello que sea merecedor de reconocimiento, que no demerite su ascendente carrera en el mundo del internet. Pero sabemos que esa vida no es del todo real, como el caso de la famosa “youtuber” vegana Rawvana, que era casi un ídolo para quienes compartían su estilo de vida basado en el veganismo. Ella compartía en sus redes imágenes y videos sobre recetas crudiveganas, tratamientos de desintoxicación y consejos de belleza basados en esta práctica. Su imagen era casi perfecta, hasta que una de sus amigas abrió la caja de pandora al subir un video a su cuenta de Instagram en el que se ve que Rawvana está a punto de comerse un pescado. Intentó cubrir su plato con la mano, pero de nada sirvió, su falso estilo de vida quedó al descubierto.

Otros tantos se valen de amarillismo, de pornografía, de “bots” o de contenido sexual; una realidad que ignora la dignidad humana. Muchos de estos jóvenes, aunque parecen distintos, en realidad terminan siendo más de lo mismo.

El Papa Francisco recuerda a los jóvenes, en su exhortación apostólica Christus Vivit (2019), que “el ambiente digital también es un territorio de soledad, manipulación, explotación y violencia, hasta llegar al caso extremo del ‘dark web’. Los medios de comunicación digitales pueden exponer al riesgo de dependencia, de aislamiento y de progresiva pérdida de contacto con la realidad concreta, obstaculizando el desarrollo de relaciones interpersonales auténticas”.

A la hora de seguir a alguien en medios digitales y redes sociales, es importante saber discernir: ¿esto es bueno o malo para mí? ¿A dónde me está llevando? ¿Me siento tranquilo o me siento ansioso al verlo, leerlo o escucharlo? Se trata de ser honestos con nosotros mismos, con lo que somos y con lo que queremos ser.

En esta Pascua Jesús espera a los jóvenes, no es un “youtuber” o un “influencer”, pero se vale de muchos medios para llegar a ellos de forma atractiva y eficaz, y más en esta época de pandemia en que sacerdotes, religiosas, grupos juveniles y demás movimientos católicos, están aprovechando para llevar su mensaje día con día por los diferentes medios digitales.

¡Él vive! Y, dice Francisco: “si alcanzas a valorar con el corazón la belleza de este anuncio y te dejas encontrar por el Señor; si te dejas amar y salvar por Él; si entras en amistad con Él será la experiencia fundamental que sostendrá tu vida cristiana”.

Publicado en la edición semanal digital de El Observador del 19 de abril de 2020 No.1293