Han surgido infinidad de pequeñas iniciativas de carácter espiritual para rogar a Dios que libre a la humanidad de esta pandemia. Es un gran avance: reconocer que Él está por encima de todo y de todos, que el poder es suyo.

Ahora bien, en muchos casos está faltando dar un paso más, pues las oraciones, rogativas y bendiciones sugeridas suplican la ayuda de Dios y la intercesión de la Virgen, san Miguel Arcángel u otros santos, pero omitiendo la necesidad de la conversión y, por tanto, del arrepentimiento por los pecados cometidos.

La tradicional “Misa para la liberación de la muerte en tiempos de peste” pedía la misericordia y la ayuda de Dios, pero además rogaba el perdón de los pecados, lo que ya no está sucediendo. Ahora la gente promueve oraciones en las que se suplica a Dios el fin del coronavirus como una “nueva oportunidad” para la humanidad, y que el mundo se llene de “bienestar”, o cosas por el estilo. Es decir, no parece haber intención de cambiar, sino sólo el deseo de regresar a lo mismo de antes.

También hay que tener cuidado con el contenido mágico-religioso de algunas de las oraciones, sobre las que se pide su difusión en redes sociales a fin de que quien lo hace vea su hogar bendecido y además la pandemia acabe más rápido, como si el acto de reenviar tuviera alguna clase de poder.

Pero la pandemia no está desapareciendo. Es tiempo de preguntarse sinceramente por qué, y comenzar a cambiar lo que deba ser cambiado.

TEMA DE LA SEMANA: ¿DÓNDE ESTÁ DIOS EN ESTA PANDEMIA?

Publicado en la edición semanal digital de El Observador del 26 de abril de 2020 No.1294