Este lunes, 18 de mayo de 2020, se cumple un siglo de que Karol Jozef Wojtyla viera la luz por primera vez, en Wadowice, Polonia. Sin embargo, su historia pudo haber acabado apenas un poco después de su concepción de no ser por su madre, que lo defendió de los médicos que la presionaban para que asesinara a su hijo vía aborto, pues ella tenía problemas renales y una afección cardíaca congénita.

Lejos de que el centenario de este santo sea apenas un amable recordatorio de su vida y su obra, es más bien una gran llamada de atención en estos difíciles momentos por los que atraviesa el mundo. Juan Pablo II tiene mucho qué decirnos, pues él mismo llevó una existencia rodeada de sufrimiento, pero supo hacer de esta experiencia un camino hacia la santidad. Aquí les presentamos parte de su legado:

JUAN PABLO EL GRANDE HABLA DE LAS ÉPOCAS DIFÍCILES

“Hay épocas en las que la existencia del mal entre los hombres se hace singularmente evidente en el mundo. Aparece entonces con más claridad cómo los poderes de las tinieblas, que actúan en el hombre y a través de él, son mayores que el mismo hombre. Lo cercan, lo asaltan desde fuera.

“Se tiene la impresión de que el hombre actual no quiere ver ese problema. Hace todo lo posible por eliminar de la conciencia general la existencia de esos ‘dominadores de este mundo tenebroso’, esos ‘astutos ataques del diablo’ de los que habla la Carta a los Efesios. Con todo, hay épocas históricas en las que esa verdad de la Revelación y de la fe cristiana, que tanto cuesta aceptar, se expresa con gran fuerza y se percibe de forma casi palpable”.

(Homilía del 3 de mayo de 1987)

“Vivir para el Señor significa también reconocer que el sufrimiento, aun siendo en sí mismo un mal y una prueba, puede siempre llegar a ser fuente de bien. Llega a serlo si se vive con amor y por amor, participando, por don gratuito de Dios y por libre decisión personal, en el sufrimiento mismo de Cristo crucificado. De este modo, quien vive su sufrimiento en el Señor se configura más plenamente a Él y se asocia más íntimamente a su obra redentora en favor de la Iglesia y de la humanidad. Ésta es la experiencia del Apóstol, que toda persona que sufre está también llamada a revivir: ‘Me alegro por los padecimientos que soporto por vosotros, y completo en mi carne lo que falta a las tribulaciones de Cristo, en favor de su Cuerpo, que es la Iglesia’ (Col 1, 24)”.

(1995, encíclica Evangelium vitae)

TEMA DE LA SEMANA: ¿QUÉ NOS DIRÍA JUAN PABLO II EN ESTA PANDEMIA?

Publicado en la edición semanal digital de El Observador del 17 de mayo de 2020. No. 1297