Litúrgicamente estamos en tiempo de Pascua, es decir, en el período en que la Iglesia celebra que Jesús, después de derrotar a Satanás y al pecado con su muerte en la cruz, ha triunfado sobre esta misma muerte. “¿Dónde está, muerte, tu victoria?”, dice la Primera Carta a los Corintios 15, 55. Es decir, la muerte ya no es el final de todo.

Según cifras oficiales, los muertos por covid-19 en el mundo rondan los 300 mil, aunque el número real puede ser mucho mayor, debido a la falta de pruebas masivas de diagnóstico por lo que en los certificados de defunción se anotan causas de muerte imprecisas.

Entre los que han partido de este mundo hay enfermeros, médicos y otros miembros del personal sanitario, que se contagiaron por atender a los pacientes. Muertes heroicas, que seguramente Dios tomará muy en cuenta en la otra vida, la definitiva, pues Jesús enseña en Juan 15, 13 que “no hay amor más grande que el que da la vida por sus amigos”.

San Juan Pablo II desde niño padeció las más dolorosas pérdidas. A sus 9 años falleció su madre por insuficiencia renal. Cuando tenía 12 años, su hermano mayor, Edmund, que era médico, murió tras ser contagiado de escarlatina por un paciente en el hospital donde trabajaba. Y a los 22 años, en plena Segunda Guerra Mundial, su padre murió de un infarto, quedando el joven Karol Wojtyla absolutamente solo. Sin embargo, la certeza en la vida eterna lo sostuvo.

“¡No tengáis miedo!” fue uno de los llamados centrales de su pontificado. Y él, efectivamente, no tuvo miedo a la vida ni tuvo miedo a la muerte. “Dejadme ir a la Casa del Padre”, fue su última petición.

  • “El hombre no logra comprender cómo la muerte pueda ser fuente de vida y de amor, pero Dios ha elegido para revelar el misterio de su designio de salvación precisamente lo que la razón considera «‘locura’ y ‘escándalo’”. (1998, encíclica Fides et ratio)
  • “El dolor no tendría consuelo si la muerte fuera la destrucción total, el final de todo. Por eso, la muerte obliga al hombre a plantearse las preguntas radicales sobre el sentido mismo de la vida”. (1999, Carta a los Ancianos)
  • “La existencia terrena no es un bien absoluto”.
  • “La muerte es algo más que una aventura sin esperanza: es la puerta de la existencia que se proyecta hacia la eternidad y, para quienes la viven en Cristo, es experiencia de participación en su misterio de muerte y resurrección”. (1995, encíclica Evangelium vitae)

TEMA DE LA SEMANA: ¿QUÉ NOS DIRÍA JUAN PABLO II EN ESTA PANDEMIA?

Publicado en la edición semanal digital de El Observador del 17 de mayo de 2020. No. 1297