Un buen equilibrio da la pauta para que la felicidad no sea pasajera.

Por Mónica Muñoz

Eso lo eliminé de mi vida por salud mental”, escucho con frecuencia, como si se tratara de una frase que hay que repetir constantemente para que, en verdad, no afecte a la persona que la emite. Estoy convencida de que muchas veces decimos cosas sin reflexionar su significado, y me late que esta sentencia es una de ellas. “Salud mental”, ¿a qué se refieren esos dos términos? Según la Organización Mundial de la Salud, «la salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades».

Ahora bien, la salud mental se refiere a mantener un equilibrio emocional, psicológico y social, lo que ayudará a que la persona viva feliz y satisfecha consigo misma y con los demás, derivando en una buena salud física. Porque es innegable que las enfermedades físicas están relacionadas con alguna afección mental o emocional; por ejemplo, si existe un sufrimiento provocado por una decepción o un susto, el cuerpo reaccionará de inmediato.

Basta pensar en lo que le pasa al estómago cuando recibimos una mala noticia o estamos sometidos a estrés excesivo, inmediatamente se experimenta algún tipo de malestar estomacal.

En este tiempo que nos hemos visto forzados a vivir aislados para no contagiarnos del coronavirus, están surgiendo situaciones que ponen en riesgo la salud mental, tales como la ansiedad y el estrés, que pueden derivar en depresión y, en casos graves, hasta en pensamientos de suicidio como una falsa solución a los problemas que se experimentan ante una pérdida, ya sea de trabajo, de actividades o bien, de un ser querido.

Por eso, las personas que cuidan de su vida espiritual, tienen más probabilidades de mantener en buen estado su salud mental, pues ha quedado demostrado que quienes cultivan la paz interior son más capaces de enfrentar las contrariedades y buscar soluciones sin perder el dominio de sí mismos.

Por tanto, es necesario que cuidemos nuestra higiene mental, otro término relacionado y que podemos ilustrar perfectamente con un ejemplo: si para conservar la salud física debemos seguir ciertos hábitos como comer saludable, hacer ejercicio, asearnos, no fumar y menos consumir drogas, también debemos cultivar algunas costumbres para mantener en buena forma nuestra salud mental, como cultivar amistades, dar un buen paseo, mantener contacto con la naturaleza, ver el lado bueno a todos los acontecimientos, intentando siempre obtener un aprendizaje de la experiencia vivida.

Y, sobre todo, afianzar nuestra amistad con Dios. No sé cómo le hagan los no creyentes, pero quienes nos confesamos cristianos vivimos pensando en que la Providencia Divina se está ocupando de nuestras necesidades, mientras nosotros trabajamos para procurar un mundo mejor.

Ganamos en esperanza porque el Señor Jesús se encarga de nosotros. Por eso es necesario orar y platicarle todas nuestras penas, necesidades, sentimientos y sueños. Nada hay que Él no nos conceda, siempre que sea para nuestra salvación; sin embargo, hay que creer que puede hacerlo.

Publicado en la edición semanal digital de El Observador del 21 de junio de 2020. No. 1302