Por Sergio Ibarra

Las dimensiones del colapso social, económico, tecnológico y ético que ha creado el COVID-19 generarán un cambio discontinuo en las conductas, emociones, preferencias y expectativas de la sociedad, tanto en lo personal, como en lo laboral, académico, en el entretenimiento y en el consumo.

John Rawls (1921-2002), filósofo reconocido por su aportación al concepto de justicia, la concibió a partir de la cooperación social y la asignación de derechos y deberes a las personas e instituciones sociales. La situación que enfrentamos debe apelar a la reciprocidad de comportamientos de cada uno.

Al cumplirse cien días con este mal aparecen los múltiples problemas que entraña hacerle frente. La reactivación económica, que incluye espacios laborales, restaurantes, comercios, fábricas y oficinas, se hace ante la presencia de esta amenaza altamente contagiosa, capaz de sobrevivir en un vaso, en teclados de computadoras, envases, en la puerta o el volante de un automóvil, plumas para escribir, bolsas de plástico, cajas de cartón, etc. Regresar a la normalidad sin vacuna o tratamiento implica un serio riesgo de falta de cooperación social, que significa cumplir con la reciprocidad de cuidarnos, cuidando a los otros.

Las lecciones aprendidas de no besarnos, ni abrazarnos, ni tomarnos de la mano y el uso obligatorio de tapabocas en espacios públicos, son apenas el principio. La nueva normalidad nace sin protocolos ni reglamentos, lo que pone a esta justica social cooperativa como esencial para evitar mayores tasas de contagio y de letalidad.

Debemos guardar dos metros de distancia. ¿Qué implica? Que en una oficina o línea de producción o en cocinas o taquerías, los trabajadores deben estar a esa distancia, lo que va a reducir espacios en los centros de trabajo. De la misma forma, las mesas de un restaurante y el tamaño de éstas, la distribución de pasajeros en un camión urbano (para nada deberían ir viajeros de pie). Así mismo, tocar mercancías en centros comerciales, autoservicios o tiendas de conveniencia y habilitar sistemas de ventilación sin recirculación del aire.

No existe un departamento de inspección que alcance. Esta batalla de la nueva normalidad entre la ignorancia, la intolerancia y la desobediencia y este desafío sólo se podrán ganar si todas y todos hacemos lo que nos toca.

Publicado en la edición semanal digital de El Observador del 28 de junio de 2020. No. 1303