Una fotografía revela un estado aparente y oculta el real

Por Mary Velázquez Dorantes

Qué existe detrás de las millones de fotografías que parecen indicar que las nuevas generaciones están completamente felices; cuál es el grado de subjetividad que hay detrás de una identidad emocional real; cuál es el momento verdadero de los gustos y disgustos de éstas generaciones.

En esta edición vamos a hablar de la realidad exagerada de una vida hecha con fotografías.

EL FLAHS Y LAS EMOCIONES

De acuerdo con organismos internacionales en el sector de salud mental los adolescentes son los más propensos a desarrollar trastornos emocionales. La depresión ha sido catalogada como la cuarta causa de discapacidad entre adolescentes y jóvenes a nivel mundial.

Y las redes sociales están haciendo su tarea en este ámbito, dado que los jóvenes están buscando una fuente de reconocimiento social sustentado en sus fotografías e historias que día a día suben, algunas son simples fragmentos de una realidad y otras son exposiciones de cómo se están sintiendo en realidad.

Buscan llamar la atención a través de sus contenidos en redes sociales, y uno de los factores que indican tal situación son los contenidos eróticos, fotografías que revelan sus cuerpos, intimidad y momentos propios. También circulan fotografías que retan a la autogestión, convirtiéndoles en un problema grave dado que los comportamientos suicidas se catalogan como un problema emergente.

SONRÍE PARA LA FOTO

Billones de fotografías, con chicos y chicas sonrientes, se suben diariamente a las redes sociales. Se trata de construcciones donde la identidad es únicamente para las redes, porque detrás de esta situación existe la inseguridad, la imposición de la perfección física, las referencias de nuestros contactos, piezas de un gran rompecabezas, donde la juventud pareciera ser una categoría social en la cual si no están felices o pasándola bien no están viviendo.

Las fotos indican felicidad, pero la realidad grita problemas de violencia, agresividad, abuso sexual, problemas en la escuela, bullying. Es cierto que no en todos los casos, pero éstos factores se están manifestando cada vez más en una realidad que no sale fotografiada.

LA NOVEDAD COMO RESPUESTA

En está nueva cultura parece que el Yo real compite con el Yo virtual, donde el contexto es más importante, donde la experiencia es más elemental, y donde los usuarios exigen cada vez más. Las acciones riesgosas tocan a la puerta, se disputa la calidad con la cantidad, y los entornos son cada vez más exigentes, incluyendo a la familia, la escuela y la propia comunidad donde viven.

Lo cotidiano tiene que ser atractivo para construir un contenido “interesante”, pero lo cierto es que la mayoría de los jóvenes están viviendo una tensión y un grado de estrés por encontrar la fotografía perfecta, es una juventud que vive un mundo de aparatos tecnológicos completamente distinto a su vida diaria. Parecen ser felices, pero no lo son.

Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 16 de agosto de 2020. No. 1310