XXIII Domingo tiempo ordinario (Mt 18,15-20)

Por P. Antonio Escobedo c.m. y seminarista José A. Delgadillo c.m.

Este pasaje nos hace sentir incómodos, porque describe un proceso de confrontación para lidiar con personas con quien hemos tenido algún conflicto. Para entender el pasaje será fundamental recordar que este evangelio fue escrito al final del primer siglo, cuando la Iglesia estaba sufriendo persecución desde el exterior y, al interior, padecía de crecientes tensiones y disputas entre los miembros de las nuevas comunidades. En este contexto, san Mateo recuerda que la base de la Iglesia es el encuentro en comunidad con Jesús y no un discipulado centrado en una relación individualista con Cristo.

Bajo esta perspectiva nos corresponde aprender lo que conocemos como “corrección fraterna” que tiene como objetivo fundamental buscar reconciliarnos con nuestros hermanos. Para ello nos propone tres momentos:

1) Encuentro personal. Habla a solas con tu hermano. La reconciliación que se hace en este caso es sublime porque no intenta olvidar lo que pasó sino que, desde la ruptura, busca tender puentes creando una relación más fuerte.

2) Encuentro acompañado de testigos. El requisito de tener a dos o tres testigos viene de Deuteronomio 19,15. Tener testigos tenía la intención de proteger a la gente en contra de acusaciones injustas. No se trata de encontrar al culpable sino remover el pecado y restaurar al pecador. Con el consejo de dos o tres será más fácil entender el problema y determinar el remedio que se necesita.

3) Encuentro en comunidad. En este momento se pide la intervención de toda la comunidad. Se trata de brindar el apoyo a quien lo necesita. Recordemos que, a veces, quien ofende es quien más ayuda requiere.

Después de haber agotado todos los recursos, si la persona no reacciona, no quiere cambiar o su presencia es dañina entonces y sólo entonces será necesario separarla de la comunidad. El Evangelio dice que consideres a esa persona como un pagano o un publicano. Las palabras de Jesús pueden sorprender, pero parece que se dio cuenta que en ocasiones, es necesario apartarse de quien nos hace daño. Incluso es sano terminar una relación con alguien que amamos pero que nos está alejando de Dios. ¿Tienes el valor de hacerlo?

Jesús propone estos tres pasos antes de terminar una relación para ayudarnos a perdonar. Tal vez se dio cuenta que necesitamos perdonar porque muchas veces vamos caminando cargados de envidias y rencores. Llegamos a estar tan enojados que hasta deseamos el mal. Incluso podemos disfrazar la irritación diciendo “perdono pero no olvido”. Fijémonos que Jesús no está pidiendo que olvidemos sino que perdonemos, porque sabe que al hacerlo dejaremos de lastimarnos a nosotros mismos. No podemos negar que hay ocasiones donde perdonar parece una tarea titánica. Es cierto, la tarea es titánica cuando no tenemos a Jesús en nuestro corazón, pero si Él está ahí, entonces la tarea se hace más fácil. Con Jesús es posible aquello que a primera vista parece imposible. ¿Cómo nos gustaría a nosotros que nos perdonarán? ¿Me atrevería acercarme a pedir perdón y reconciliarme con mi hermano?

La corrección fraterna no es sinónimo de regañar al que se equivoca, al contrario, es la posibilidad para crecer en el verdadero amor. Hoy es urgente darnos cuenta de nuestras equivocaciones, saber acercarnos y pedir perdón. Hoy te invitamos a preguntarte ¿existe una pequeña oportunidad para salvar una relación que parece perdida? Si es así ¿te animas a dar el primer paso?

Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 6 de septiembre de 2020. No. 1313