Cuando se canoniza a una persona es frecuente leer en los periódicos o escuchar en los noticiarios que el Papa lo “hizo santo”. Por supuesto, se trata de un error garrafal. Ningún vicario de Cristo tiene la potestad de hacer santo a nadie. Toda santidad proviene de Dios, mientras que el individuo coopera mediante sus actos, con frecuencia de manera verdaderamente heroica, dejándose santificar por su Creador.

Lo que sí hacen un Papa, después de un largo proceso en el cual no sólo él está involucrado sino muchas más personas, es que finalmente da su visto bueno frente a todos los pasos llevados a cabo para finalmente determinar que el cristiano examinado es verdaderamente un santo, y hace entonces una solemne declaración de ello en la llamada ceremonia de canonización.

Antes era muy sencillo: en la Iglesia primitiva se reconocía, sin necesidad de procesos formales, que era santo quien, por dar testimonio público de su fe en Jesucristo, moría mártir, ya que es la máxima expresión de adhesión posible a Dios. Y su fiesta litúrgica se celebraba en el aniversario de su fallecimiento, es decir, en el día de su entrada al Paraíso.

Para evitar abusos, más o menos hacia el siglo III los obispos tomaron la responsabilidad de la declaración de santos en sus respectivas diócesis, a fin de que, mediante alguna investigación, se tuviera la certeza de que alguien realmente había muerto por causa de la fe. Y esto se hizo más necesario cuando cesaron las persecuciones contra los cristianos, pues ya no era con la sangre con la que se probaba la santidad de una persona, sino con los otros aspectos de su vida.

En 1588 el Papa Sixto V encomendó a la Sagrada Congregación de Ritos la tarea de investigar para realizar las canonizaciones.

PASOS EN EL PROCESO DE CANONIZACIÓN

» Morir en “olor de santidad”.

Esta metáfora quiere decir que quienes rodeaban al candidato debieron percibir que vivió y murió de manera ejemplar.

» Apoyo a su causa.

Nacida del pueblo, de una congregación o de otros impulsores, se motiva la devoción privada. Debe ser de interés de los fieles; hasta 1917 había que esperar 50 años de su muerte para asegurar su reputación; ahora sólo se requieren 5 años.

» Fase informativa.

Iniciado el proceso oficial, o incluso antes, ya se puede investigar y reunir material respecto a la vida del presunto santo.

» Fase diocesana.

El obispo y el postulador solicitan a la Santa Sede el inicio oficial de la causa. Se envían a Roma, para ser examinados, los escritos del candidato, que en este momento ya recibe el título de “siervo de Dios”.

» Fase romana.

El postulador trata de convencer de la santidad del siervo de Dios, mientras el “abogado del Diablo” presenta objeciones. Se elabora el documento “Positio”, y si lo aprueba la Congregación para las Causas de los Santos, el candidato es declarado “venerable”.

» Beatificación.

Para que el venerable sea declarado “beato”, por su intercesión Dios debe realizar un milagro comprobado (que la ciencia no pueda explicar). Si es un mártir, no es necesario este primer milagro.

» Canonización.

Se requiere comprobar un segundo milagro.

EJEMPLO: EL CASO DEL OBISPO MEXICANO SAN RAFAEL GUÍZAR VALENCIA

Tenía fama de santo.

Convirtió a miles. Tenía el don de bilocación y se le atribuyen milagros en vida. Fallecido en 1938, en 1950 se exhumó su cadáver, que estaba incorrupto. Esto aumentó su devoción.

En 1952 inició tanto su proceso tanto diocesano como informativo, revisándose sus escritos editados e inéditos, su fama de santidad, virtudes, milagros atribuidos y la no existencia de culto público que es un requisito; sólo debía haber tenido culto privado. Entre sus escritos se incluye un catecismo titulado “Resumen de la Doctrina Cristiana”, pensado como un curso popular ya que este obispo tenía un tremendo celo misionero. En esta fase se le declaró siervo de Dios.

En 1974 pasó su proceso a la Santa Sede, que investigó judicialmente la santidad, virtudes y milagros del siervo de Dios. En 1978 se presentó el sumario e información del proceso apostólico para la declaración de sus virtudes heroicas. Esta declaración finalmente se concretó 1987, con lo que Rafael Guizar Valencia recibió el título de venerable.

Si bien hay numerosos milagros ocurridos después de su muerte y atribuidos a su intercesión, el que se investigó de 1979 a 1992 y finalmente se aprobó fue el que experimentó una mujer estéril genéticamente, quien a pesar de ello concibió un hijo tras encomendarse al venerable obispo de Veracruz. Se le beatificó en 1995.

El segundo milagro investigado ocurrió en 2004; fue el nacimiento de un niño al que a las 31 semanas de gestación se le detectó paladar hendido y labio leporino; pero se curó, naciendo completamente sano. La canonización de san Rafael tuvo lugar en 2006.

TEMA DE LA SEMANA: LA ENSEÑANZA DE LOS SANTOS ES QUE LA FELICIDAD SÍ EXISTE

Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 1 de noviembre de 2020. No. 1321