Por J. Jesús García y García

De las diversas acepciones de la palabra villano, en el uso cotidiano predomina la de “personaje cruel o malvado de una película, obra teatral o historia”. Pero en sus orígenes esta palabra sólo designaba al habitante de una villa o aldea, es decir, a un individuo perteneciente al estado llano. Por su parte, villancico empezó siendo un villano pequeño (de mínima edad o de corta estatura), después fue “canción de villanos” y finalmente adquirió la connotación de “canción popular que se canta en Navidad, cuyo tema es, principalmente, el nacimiento de Jesucristo”.

En general, los villancicos se proponen alabar y arrullar al Dios Niño, y algunos añaden a su buena intención una evidente calidad artística: “Adeste fideles”, “O Tannembaum”, “Cantique de Nöel”, “Por el valle de rosas”, por decir algunos.

“Noche de paz” es el garbanzo de a libra. Su belleza es antonomástica.

Es decir, por sí mismo representa y denomina al villancico, a la “canción de villanos”. Su título original era “Stille Nacht, heilige Nacht”, y su autoría fue responsabilidad del humilde párroco Joseph Mohr (la letra) y del organista Franz Xaver Grüber (la música), austriacos ambos, quienes lo estrenaron en la Navidad de 1818.

«Noche de paz» está allí y, cuando lo capto, fácilmente le echo encima mi yo y mis circunstancias, le doy vida singular y lo hago mío. Se cumple una de las finalidades del arte. “Noche de paz” fue un regalo de Navidad para todo el mundo y para los siglos de los siglos. Amén.

TEMA DE LA SEMANA: LA BELLEZA QUE SALVA AL MUNDO

Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 20 de diciembre de 2020. No. 1328