Por el P. Luis Alfonso Orozco, LC

Una vez embarcados para la misión evangelizadora partieron del puerto andaluz de Sanlúcar de Barrameda el 25 de enero de 1524; el 4 de febrero arribaron a la Gomera, una de las islas Canarias; después el 5 de marzo a Puerto Rico; el 13 de ése mismo mes a la isla de la Española o Santo Domingo; el 30 de abril a la Villa de la Trinidad. Finalmente llegan al puerto de San Juan de Ulúa, en Veracruz, el 13 de mayo de 1524.

Aquel 13 de mayo de 1524 arribó el grupo de misioneros franciscanos conocidos después como los doce apóstoles de México, enviados por el Papa Adriano VI y por el Rey Carlos I de España. Estos serían los primeros encargados de convertir a los indios de la Nueva España al catolicismo.

Al frente de esta misión estuvo fray Martín de Valencia, superior de la provincia franciscana española de San Gabriel y quien por encargo del Ministro General de la orden franciscana Francisco Quiñones, eligió con extraordinario cuidado los doce apóstoles para la expedición.

Nombres de los doce franciscanos

  • Martín de Valencia
  • Francisco de Soto
  • Martín de Jesús (o de la Coruña)
  • Juan Suárez
  • Antonio de Ciudad Rodrigo.
  • Toribio de Benavente (Motolinía)
  • García de Cisneros
  • Luis de Fuensalida
  • Juan de Ribas
  • Francisco Jiménez
  • Andrés de Córdoba (fraile lego)
  • Juan de Palos (fraile lego)

Hernán Cortés se entera de la llegada de estos misioneros a la ciudad de México e inmediatamente sale a recibirlos en compañía de muchos indios y caciques principales entre ellos Cuauhtémoc (último emperador azteca). La pobre vestimenta de esos frailes impactó a los indígenas, al ver que ellos venían vestidos de manera distinta ya que estaban acostumbrados a ver a los soldados de la conquista bien vestidos y protegidos. Cortés hace una reverencia hacia estos franciscanos besándoles el atuendo con la finalidad de que los indígenas hicieran lo mismo. Pero sobre todo que tuvieran respeto y obediencia hacia ellos. Dando inicio así la evangelización de la Nueva España.

Desde su llegada, estos frailes franciscanos se ganaron el afecto y la confianza de los indígenas por su humilde forma de vivir.

Andaban semi descalzos y con los hábitos desgastados, dormían sobre esteras y eran muy frugales en la comida.

Los indígenas valoraron su laboriosidad y el esfuerzo que hacían para enseñarles y apreciaron el trato afectuoso que les brindaban y el interés por defenderlos de aquellos españoles que los maltrataban. Los derechos de los indios fue una conquista de los misioneros católicos.

Los indígenas no salían de su asombro al ver a aquel grupo de pobres frailes, tan afables y humildes. Y al comentarlo, repetían la palabra Motolinía, hasta que el padre Toribio de Benavente preguntó por su significado. Le dijeron que quiere decir pobre. Y desde entonces fray Toribio tomó para siempre el nombre de Motolinía (Cf. Iraburu José María, Hechos de los apóstoles de América, Gratis Date, Pamplona, p. 102). Los misioneros fueron desde su llegada los protectores, padres y civilizadores de los indígenas, integrándoles poco a poco y con ingentes esfuerzos en el nuevo país que surgía después de la conquista.

TEMA DE LA SEMANA: “MÉXICO: UN AÑO PARA PENSAR LO QUE SOMOS”

Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 10 de enero de 2021. No. 1331