Por el P. Luis Alfonso Orozco, LC

Hemos afirmado que el nacimiento de México como nación se dio en 1521, y a partir de ahí empezó su reco-rrido histórico.

Hay tres elementos básicos en la forja de la unidad nacional.

Primero, la unidad política, que comprende la unidad territorial bajo un gobierno organizado.

Toda nación ha experimentado durante décadas o siglos cambios grandes o menores en el proceso de su unidad social y política, y México no ha sido excepción.

Segundo elemento es la unidad social, que se logra al adoptar un idioma común como lazo de unidad entre los diversos grupos y etnias que habitan el territorio nacional.

El idioma español es el oficial de México.

En tercer lugar está la unidad cultural, que aglutina las diversas tradiciones que se reconocen como patrimonio de la nación y que han ido forjando su identidad.

Hablar hoy de México como “el país azteca” o el “equipo azteca”, en los mundiales de futbol es sólo un pobre reduccionismo, ya que el elemento azteca representa apenas una parte del conjunto social y cultural que consti-tuye México.

Sin olvidar para nada la basta tradición cultural de sus diversos pueblos indígenas, México creció desde 1521 bajo la tutela de la civilización occidental traída de España, que le dio lengua, religión y costumbres.

La religión católica predominante ha sido el alma de la nación mexicana, bajo el amparo de la Virgen de Guadalupe, símbolo de su identidad mestiza, porque en su dulce rostro se ven reflejados los diversos grupos étnicos que conforman esta nación heterogénea. El acontecimiento guadalupano, desde 1531, es de capital importancia para entender la identidad cultural y religiosa de México.

Estos tres elementos mezclados entre sí fraguaron la nación mexicana, surgida en 1521 y durante los tres siglos posteriores, cuando llevó el nombre de Virreinato de Nueva España. En 1821 se consumó su independencia política, pero no rompió sus lazos culturales ni religiosos de la madre patria.

Los tres siglos del virreinato son absolutamente indispensables para entender el desarrollo histórico de México, porque en ellos se fraguaron su unidad social y cultural, no tanto la política.

Sostener que México nació apenas en 1821, con la independencia de España, no es correcto porque ni la historia ni los hechos lo avalan. Hay toda una línea ideológica que se ha empeñado en enseñar el año 1821 como “recuperación” de la nacionalidad mexicana, porque pretende afirmar que los tres siglos del virreinato fueron algo así como una opresión, un paréntesis doloroso de la mexicanidad impuesto por el imperio español.

Detrás de este reduccionismo ideológico e histórico, se pretende negar de un plumazo toda la obra civilizadora y evangelizadora de la Iglesia católica venida de España, y que fue el elemento esencial para la formación de la nación mexicana. Ha quedado demostrado que antes de 1521 no había una nación mexicana, ni siquiera una idea remota de identidad nacional o mexicanidad, porque las muy diversas tribus y etnias del espacio territorial precortesiano tenían cada una su lenguaje, religiosidad y sus costumbres que la más de los casos los hacía enemigos mortales entre sí. En 1821 ya existía México con su identidad cultural y religiosa, y el paso sucesivo fue alcanzar su independencia política de España.

TEMA DE LA SEMANA: “MÉXICO: UN AÑO PARA PENSAR LO QUE SOMOS”

Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 10 de enero de 2021. No. 1331