Por el P. Luis Alfonso Orozco, LC

La historia es maestra de vida, con las lecciones de sus hechos irrefutables. El 2021 servirá para aclarar todo equívoco acerca del nacimiento de México como nación. No existía antes del periodo prehispánico, ni menos empezó su andadura histórica en 1821, año de su independencia, como pretenden algunos. México nació hace cinco siglos, creció durante otros tres con el nombre de Nueva España hasta que alcanzó su mayoría de edad y se independizó hace dos siglos, tomando el nombre de raíces nahuas y adoptando la bandera tricolor con el escudo del águila devorando a la serpiente.

Su cultura lleva la impronta occidental y su religión predominante es la católica, que ha forjado el alma del pueblo mexicano. Los verdaderos padres bienhechores de la patria mexicana y civilizadores de los indios fueron los heroicos misioneros católicos, que en no pocas ocasiones derramaron su sangre con el martirio para sacar de la barbarie a los grupos indígenas más primitivos.

Son pocos los historiadores que han dado su lugar a la labor ingente de siglos de los misioneros en tierras de América, y de México en el caso presente. Uno de estos afirma con palabras vehementes que:

“Por eso hemos de afirmar que todas esas regiones son actualmente México gracias a los misioneros jesuitas que ensancharon la patria mexicana con su grandioso esfuerzo evangelizador. Y de franciscanos, dominicos, agustinos y otros religiosos hay que decir lo mismo: los misioneros fueron los principales creadores del México actual.

Sin embargo, hoy vemos en las ciudades de aquella nación pesadas estatuas, en el más puro estilo del realismo soviético, dedicadas a Juárez, Obregón o Carranza, pero apenas hallaremos ningún recuerdo de estos santos padres de la patria mexicana…” (Cf. Iraburu José María, Hechos de los apóstoles de América, Gratis Date, Pamplona, p. 237).

Esta es la verdad histórica; pretender negarlo o acomodarlo sería demagogia e ideología, que refutan los hechos. Por eso es tan importante que un pueblo conozca bien su historia para no repetir los errores del pasado y para aprender de los logros de sus ancestros y continuarlos.

La construcción de un México democrático, más justo y honesto es tarea de todos sus ciudadanos, bajo la protección y mirada amorosa de la Virgen María de Guadalupe, madre de la nación y símbolo genuino de su identidad patria.

TEMA DE LA SEMANA: “MÉXICO: UN AÑO PARA PENSAR LO QUE SOMOS”

Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 10 de enero de 2021. No. 1331