Cuando Vasco de Quiroga llegó a la Nueva España no era un clérigo sino un seglar. Y de inmediato se puso a hacer cumplir las normas dadas por la reina Isabel la Católica, según las cuales no se permitiría hacer esclavos a los indígenas.

Buscando que los nativos vivieran en república cristiana, libres de la ignorancia y de la miseria, pensó en un método para que no estuvieran en sistema de encomienda —o sea como vasallos de los españoles, teniendo que pagarles tributo—, sino que lo hicieran en reducciones, que consistían en nuevos pueblos exclusivamente para indígenas, donde éstos podían vivir de su trabajo, en orden y paz, con autosuficiencia económica. Igualmente recibían formación cristiana y educación gratuita diversa.

Fue así que surgieron las ciudades-hospitales, inspiradas en la Utopía de santo Tomás Moro. El primer ensayo de Vasco de Quiroga en este sentido fue la reducción llamada “República de Santa Fe”, que fundó a 14 kilómetros de la ciudad de México usando su propio salario.

Una ciudad-hospital era un pueblo donde las tierras eran propiedad común; había casas para cada familia indígena, una iglesia y un hospital, sólo que en aquel entonces este último se entendía de un modo más amplio: el lugar del hospital donde se procuraba la salud física de los nativos era la enfermería, mientras que el hospital también contaba con un sitio de atención para los desamparados —por ejemplo, ancianos y huérfanos—, albergue para los viajeros, escuela y centro de instrucción misional y artesanal.

Los naturales trabajaban comunalmente durante seis horas diarias, y de su beneficio se pagaban los gastos del hospital, de la comunidad y de las escuelas; el resto se repartía entre todos.

Había almacenes de los cuales cada uno tomaba lo que necesitaba según el número de miembros

de la familia.

Al ser enviado a Michoacán, lo primero que Vasco de Quiroga hizo fue enjuiciar y deportar a España a los antiguos oidores, que maltrataban a los indígenas. Luego repitió el esquema de las ciudades-hospitales, en las que también se ocupó de que sus habitantes aprendieran artes y oficios; en particular mandó instruir a las poblaciones en diferentes industrias para enlazarlas por la necesidad de los intercambios.

La primera ciudad-hospital que fundó en Michoacán fue Uayámeo (luego llamada Santa Fe de la Laguna), pero luego estableció muchas más; entre ellas: Capula, dedicada a cortar madera; Cocupao (hoy Quiroga), que labraba y pintaba la madera; Teremendo, que curtía pieles; Patamban y Tzintzuntzan, que hacían utensilios de barro; Santa Clara del Cobre, dedicada al cobre, o San Felipe de los Herreros, dedicada a la herrería; etc. De esta manera Vasco de Quiroga consiguió que los hijos se ganaran la vida tomando el oficio de sus padres y que éstos les comunicaran los secretos de sus artes.

En sus propias palabras

  • “Todo se puede conseguir con los indios yendo a ellos como vino Cristo a nosotros, haciéndoles bienes y no males, piedades y no crueldades, predicándoles sanándoles y curando los enfermos, y en fin, las otras obras de misericordia y de la bondad y piedad cristianas porque de ver esta bondad se admirasen y admirándose creyesen y creyendo se convirtiesen y edificasen”. (Quiroga citado por Paulino Castañeda en su libro “Don Vasco de Quiroga y su información en derecho”)
  • “Me arrancaron de la magistratura y me pusieron en el timón del sacerdocio, por mérito de mis pecados. A mí, inútil y enteramente inhábil para la ejecución de tan grande empresa; a mí, que no sabía manejar el remo, me eligieron primer obispo de Michoacán”. (Vasco Vázquez de Quiroga, “Carta pastoral”, 1554)

TEMA DE LA SEMANA: “EL CAMINO DE TATA VASCO: LA UTOPÍA POSIBLE PARA MÉXICO”

Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 17 de enero de 2021. No. 1332