Por Jaime Septién

En la encíclica Fratelli tutti, el Papa Francisco habla de tres palabras, muy sencillas, que pueden cambiar nuestra historia personal y a la sociedad en su conjunto: “permiso”, “gracias” y “perdón”. Son las tres palabras-guía de la amistad.

A la mayoría nos cuesta un trabajo enorme –sabrá Dios por qué—usarlas. Como que se nos atoran en la garganta. Pedir permiso, dar las gracias, pedir perdón nos liberan “de la crueldad que a veces penetra las relaciones humanas, de la ansiedad que no nos deja pensar en los demás, de la urgencia distraída que ignora que los otros también tienen derecho a ser felices” (224).

La clave de la amistad se encuentra en ese triduo que solo la humildad considera esencial. Todos recordamos a una persona que nos iluminó el día con una sonrisa a tiempo, con un gesto de respeto pidiendo permiso para no molestarnos, con una petición de perdón por haber interrumpido alguna acción que estábamos llevando a cabo. Son gestos de una gratuidad enorme. Son gestos profundos del alma. Por ello remata el Papa diciendo: “Este esfuerzo, vivido cada día, es capaz de crear esa convivencia sana que vence las incomprensiones y previene los conflictos”.

¿Cuántas guerras grandes y pequeñas no pudieron haberse suspendido con un solo perdón; cuántos matrimonios rotos por no haberse pedido mutuamente, permiso; en fin, ¿cuántas lágrimas se habría ahorrado la humanidad si hubiera sabido agradecer el regalo de la vida? Eso es la amistad. Lo demás es mercadotecnia.

TEMA DE LA SEMANA: «AL CORAZÓN NO LE HABLA SINO OTRO CORAZÓN»

Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 14 de febrero de 2021 No. 1336