Las Sagradas Escrituras son claras en cuanto a que la Resurrección de Cristo tiene implicaciones radicales para quienes, mediante la fe, aceptan al Señor como su Salvador y su Señor, pues Él les da:

EL PERDÓN DE SUS PECADOS

“Jesús Señor nuestro, quien fue entregado por nuestros pecados, y fue resucitado para nuestra justificación” (Romanos 4, 24-25).

“Si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana: estáis todavía en vuestros pecados (…). ¡Pero no! Cristo resucitó de entre los muertos…” (I Corintios 15, 17-20).

EXPERIMENTAR UN NUEVO NACIMIENTO

“Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, quien según su grande misericordia nos ha hecho nacer de nuevo para una esperanza viva por medio de la resurrección de Jesucristo de entre los muertos” (I Pedro 1, 3).

“En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios. Lo nacido de la carne, es carne; lo nacido del Espíritu, es espíritu. No te asombres de que te haya dicho: Tenéis que nacer de lo alto” (Juan 3, 5-7).

“Fuimos, pues, con Él sepultados por el Bautismo en la muerte, a fin de que, al igual que Cristo fue resucitado de entre los muertos por medio de la gloria del Padre, así también nosotros vivamos una vida nueva” (Romanos 6, 4).

VENCER AL MUNDO

“Todo lo que ha nacido de Dios vence al mundo. Y lo que ha conseguido la victoria sobre el mundo es nuestra fe. Pues, ¿quién es el que vence al mundo sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?” (I Juan 5, 4-5).

“He manifestado tu Nombre a los hombres que Tú me has dado tomándolos del mundo (…). Ellos no son del mundo, como Yo no soy del mundo” (Juan 17, 5-18).

RESUCITAR

“Porque si creemos que Jesús murió y que resucitó, de la misma manera Dios llevará consigo a quienes murieron en Jesús” (I Tesalonicenses 4, 14).

“En la resurrección de los muertos, ni ellos tomarán mujer ni ellas marido, ni pueden ya morir, porque son como ángeles, y son hijos de Dios, siendo hijos de la resurrección. Y que los muertos resucitan lo ha indicado también Moisés en lo de la zarza, cuando llama al Señor el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob. No es un Dios de muertos, sino de vivos” (Lucas 20, 35-38).

“El Señor mismo, a la orden dada por la voz de un arcángel y por la trompeta de Dios, bajará del cielo, y los que murieron en Cristo resucitarán en primer lugar” (I Tesalonicenses 4, 16).

OBTENER LA VIDA ETERNA

“En verdad, en verdad os digo: el que escucha mi Palabra y cree en el que Me ha enviado, tiene vida eterna y no incurre en juicio, sino que ha pasado de la muerte a la vida” (Juan 5, 24).

“Tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga vida eterna” (Juan 3, 16).

“Libres del pecado y esclavos de Dios, fructificáis para la santidad; y el fin, la vida eterna” (Romanos 6, 22)

“También vosotros permaneceréis en el Hijo y en el Padre, y esta es la promesa que Él mismo os hizo: la vida eterna” (I Juan 2, 24-25).

Redacción

. TEMA DE LA SEMANA: “Madrugó su luz más que la aurora”

Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 4 de abril de 2021 No. 1343