En memoria de Sor Assunta Fantástico Cagnazzo, religiosa Marcelina

Por Liliana Goenaga

Que sor Assunta Fantástico haya pasado por mi vida y me haya permitido ser testigo de lo que es el Amor de Dios en el mundo a través de ella, esa si ha sido una verdadera bendición y privilegio. Bendición que compromete para siempre.

Desde que la conocí y juntas pusimos un comedor del Banco de Alimentos ALVIDA (fundado por don Mario de Gasperín y Jaime Septién), para la gente que “vivía” en el basurero, me permitió aprender que no basta con hablar bonito y tener buenas intenciones, sino que hay que actuar ¡Ya!; justo en el momento y en el lugar donde se ve la necesidad. Y lo mejor, hacer partícipe a la misma comunidad para potenciar los beneficios que se le daban y respetar su dignidad de personas. No dádivas, solo apoyo para poder salir adelante ellos mismos. ALVIDA proporcionaba los insumos, las mamás cocinaban, la familia comía.

Pero, no era suficiente remediar su necesidad emergente: hambre, enfermedad, abusos, etc., era preciso darles una oportunidad de desarrollo, una solución definitiva.

Siempre exigente. Había que ayudar bien, de inmediato y encontrar una solución permanente. Nada de hacernos los disimulados, en ese momento… y para siempre.

Y convencida de que solo la educación dignifica a la persona porque le permite salir adelante por sus propios medios, por sus propias cualidades descubiertas con la educación, decidió que después de buscarles un lugar digno donde vivir, fundar el colegio El Girasol.

Con mucha ayuda, pero también con muchos obstáculos, exigiendo a diferentes administraciones de gobierno, dándoles la oportunidad de hacer el bien a los que están obligados, sin faltar también ingratitudes de algunos beneficiarios (¡Ah, la tristeza de no permitirse sentirse dignos de amor!). Le costó muchos años y muchas tristezas cambiar la vida de muchas personas, niños, jóvenes, adultos y de la tercera edad. Y también, de otra manera cambió la de todos aquellos que, con un ápice, apoyábamos o acompañábamos su proyecto.

Que shock para nuestra conciencia el ver en un inicio, a personas del mismo lugar donde radicas, viviendo en circunstancias de inmundicia que ningún ser humano debería de vivir y que creíamos que “eso” sucedía solo en confines lejanos del planeta; y que relámpago de amoroso asombro al ver, que aquello que parecía tan despacito, tan “calladamente”… ahora, aquellos niños de la basura, ya con hogar y educación digna, llevan a la escuela El Girasol a sus propios hijos, convencidos de que la educación y la formación en valores, es lo que crea y fortalece su futuro. Y eso, nadie se los podrá quitar nunca.

Y así también los catequizó, les hizo comprender que son amados por Dios. Y como diría San Francisco de Asís: “Predicó el Evangelio en todo momento, y cuando fue necesario, usó las palabras”. Sus acciones lo dijeron todo.

Que privilegio conocer a esta santa de nuestros tiempos, como muchos otros que andan por ahí “de bajo perfil” haciendo maravillas en la vida de tantas personas, en el día a día y, ahora.

Esto sí que es dejar “aroma de Cristo”.

Gracias por todo querida sor Assunta. Ya estoy viendo ese gran abrazo de Dios con usted, con el gusto de encontrarse. Ya lo escucho… “¡Bien hecho Assunta, bien hecho! Misión cumplida”.

Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 25 de abril de 2021 No. 1346