Al parecer, alguna forma del rezo del Rosario existía desde el siglo IX, es decir, algunos cientos de años antes de que la Virgen María le indicara a santo Domingo de Guzmán esta forma de oración como arma inigualable para los cristianos. Pero fue el santo quien lo estructuró como ahora se conoce (salvo porque Juan Pablo II le añadió unos misterios luminosos).

Además, santo Domingo dio a la cristiandad una congregación religiosa, la Orden de Predicadores, que tanto en su rama masculina como femenina dio en el pasado grandes personajes que son un verdadero tesoro; entre ellos:

  • Santa Catalina de Siena.
  • Santo Tomás de Aquino.
  • San Martín de Porres.
  • Santa Rosa de Lima.
  • San Vicente Ferrer.
  • San Alberto Magno.
  • Santa Inés de Montepulciano.
  • San Pío V.
  • Beato Inocencio V.
  • Beato Benedicto XI.

Escribió poco pues la predicación y la oración no le dejaban tiempo para más, y apenas se conservan unos cuantos de sus escritos; pero su espiritualidad fue recogida por sus monjes; por ejemplo, a través del libro “Las nuevas maneras de orar de Santo Domingo”, escrito entre 1260 y 1288 por un fraile, y que es una ayuda no sólo para comprender algo de la vida interior del santo, sino también para aprender modos de orar que involucran una postura corporal y espiritual íntimamente compenetradas, y todas ellas basadas o inspiradas en las Sagradas Escrituras.

TEMA DE LA SEMANA: SANTO DOMINGO: SU HUELLA LLEGÓ A TODO EL MUNDO

Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 8 de agosto de 2021 No. 1361