Por Sergio Ibarra

Septiembre, denominado y simbolizado como el mes patrio, en este 2021, conmemora un hecho histórico con implicaciones políticas, sociales, geopolíticas e inclusive tecnológicas: el bicentenario de la Independencia de México.

Es el 27 de septiembre de 1821 cuando se narra la entrada triunfante del ejército insurgente. ¿Cómo fue que sucedió un hecho tan relevante en la vida de nuestra Patria, como lo sucedido, precisamente, quinientos años atrás en agosto de 1521 cuando cae Cuauhtémoc?

Once años antes con el liderazgo de sacerdotes católicos inicia la guerra. Su líder es capturado y decapitado. Un discípulo toma la estafeta y en 1815 es capturado y fusilado. Año en que Fernando VII designa a Agustín de Iturbide para detener la insurgencia. Surgen nuevos líderes, Rayón y Mina que son capturados; en 1817 Mina es fusilado. Entre tanto se inicia juicio contra Iturbide por malversación de fondos. Cuando parece que el movimiento desaparecía en 1819 surge el organizador del ejército mexicano y gestor de la Independencia: Vicente Guerrero. Iturbide dos años después lo amenaza y le ofrece un indulto. Guerrero no solo no acepta, continúa combatiendo y lo invita a que se una. En 1821 sucede la reunión de Acatempan cuando Iturbide, traicionando a la Corona española, acuerda apoyar la causa.

Guerrero llegaría a la Presidencia y en medio de la voraz disputa por el poder fue fusilado en 1831 por el traidor Bustamante. Muchos años tomó establecer el orden político, jurídico y social. La avaricia de los líderes en los siguientes cincuenta años dejaría como saldo la pérdida de más de la mitad del territorio y un país endeudado. Cuando llegó Porfirio Díaz se estabilizaron posiciones geopolíticas, indispensables para el desarrollo.

En 1821 la población era de 6 millones en un territorio que comprendía desde América Central hasta los Estados de Texas, Nuevo México, California, etc. En 1917 era de 15 millones con el territorio prevaleciente. Hoy somos 127 millones.

Una primera reflexión de esta conmemoración. Se han sorteado crisis tras crisis unas por causas propias y otras por externas. Al margen de la avaricia que sigue campeando, en estos doscientos años, ha enfrentado una lucha permanente por construir su identidad ante un fenómeno que no ha parado, del cual el régimen actual no para de sacar provecho: la división de la población en urbana, suburbana y rural causada por el nacimiento y crecimiento de las ciudades.

Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 19 de septiembre de 2021 No. 1367