Los agricultores que trabajan en pequeñas parcelas de tierra (menos de dos hectáreas) suministran más de un tercio de todos los alimentos que se consumen en el mundo. Estas granjas, en su mayoría concentradas en países en desarrollo, generalmente son explotadas por familias pobres y que sufren, ellas mismas, inseguridad alimentaria.

Para que estos héroes de la alimentación jueguen un papel fundamental en la transformación de los sistemas alimentarios, necesitarán un mejor acceso a la capacitación, la financiación, los incentivos y la comercialización, así como protección social para proteger su salud y sus medios de vida.

Fuente: FAO.org

Bogale Borena y su vivero de aguacates en Etiopía

Bogale Borena, un padre de seis hijos de cincuenta años, instaló recientemente un vivero de aguacates con capacidad para producir 40 mil plántulas injertadas. El vivero de Bogale en la actualidad emplea a 14 jóvenes, contribuyendo a la erradicación de la pobreza.

Los agricultores locales, como Bogale, se vieron motivados para cultivar aguacates cuando se estableció una planta de procesamiento de aceite de aguacate nueva dentro del Parque Integrado de Industrias Agroindustriales, cerca de su pueblo. Este es el primer parque de este tipo y da empleo a 490 vecinos.

El proyecto “Desarrollo inclusivo y sostenible de la cadena de valor” beneficia a 300 mil productores de aguacate con la asistencia técnica de la FAO, con el objetivo de mejorar la productividad y la calidad de las variedades comerciales de aguacate y promover prácticas agrícolas sostenibles para los pequeños agricultores locales. El proyecto consiste en un préstamo en condiciones favorables del gobierno italiano, para apoyar el desarrollo de productos seleccionados para los Parques Integrados de Industrias Agroindustriales (IAIP) de Bulbula y Yirgalem.

A través de una gestión cuidadosa del vivero de aguacates, el uso de herramientas de injerto y bolsas de polietileno, Bogale aumentó la producción de 15 mil plántulas en 2020 a 40 mil en 2021. Ha observado una recompensa inmediata, ya que se necesita menos de un año para cultivar y vender plántulas, pero se requieren de 3 a 4 años para que den frutos. De hecho, al principio vendía plántulas localmente a 50 birr por unidad, ahora tiene un potencial de ingresos proyectado de 2 millones de birrs (alrededor de 50 mil dólares estadounidenses). Además, se propone producir 100 mil plántulas en 2022.

“Tengo pensado mejorar mi casa, comprar un camión para transportar frutas y utilería agrícola, y establecer un molino de harina en mi pueblo. Esto servirá a la comunidad local y creará oportunidades de empleo para los jóvenes vecinos”.

Fuente: FAO.org

Tahmina Isayeva deseca frutas en Azerbaiyán

Un año antes de que el país se enfrentara a la pandemia de la enfermedad por coronavirus, Tahmina Isayeva, del distrito de Zaqatala en el noroeste de Azerbaiyán, montó en su cocina un pequeño negocio de frutas desecadas.

“Preparar frutas en conserva, desecándolas, comenzó siendo un pasatiempo para mí. Las poníamos en una bandeja de secado, dejando espacio entre ellas para que circulara bien el aire, y a continuación se secaban al sol durante varios días. Es un método tradicional, pero es un proceso largo”, dice Tahmina.

“Los comienzos fueron bastante buenos y mis conocidos se convirtieron en los primeros clientes. Durante un año produje casi 300 kilogramos de fruta desecada”, señaló.

En 2019, el Centro de recursos para las mujeres de Zaqatala premió a Tahmina con una deshidratadora de frutas para impulsar su negocio. No mucho después llegó la pandemia, que puso en riesgo la rentabilidad de la empresa, aprovechó la ocasión para estudiar nuevas técnicas e incrementar la producción. Ahora es la primera productora comercial de fruta desecada de su localidad.

Fuente: FAO.org

TEMA DE LA SEMANA: UN MUNDO CON HAMBRE: ¿QUÉ PUEDO HACER YO?

Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 10 de octubre de 2021 No. 1370