Es difícil tener la apertura para comprender desde dónde viene nuestra decepción y lo que podemos hacer con ella

Por Paola Gomez Alvear

Hace algún tiempo en una publicación católica (si mal no recuerdo de Christian Huerta, un laico católico que se dedica a evangelizar en Estados Unidos) aparecía esta frase: “La decepción es amiga del amor”.

A primera vista me parecía un poco contradictoria y vinieron a mí estas preguntas:

-¿Qué no se supone que al estar decepcionado lo que menos se nos ocurre es pensar en que la palabra “amor” pueda estar relacionada?

-¿Qué no la experiencia de la decepción conlleva a la “decepción” en el amor en todas sus manifestaciones? En nosotros mismos, en la familia, en la amistad, en la pareja, en la fraternidad con el hermano, etc.

Estaba un poco confundida…

Como toda duda, la puse en manos de Dios Padre. Quería entender el significado de esa frase, lo puse en mi diario de oración y decidí continuar mi día.

Pocos meses después, Dios me dio la gracia de irla no sólo comprendiendo, sino agradeciéndola: sí, agradeciendo la experiencia de la decepción.

¿A quién no le ha pasado? En medio de una decepción aparecen frases como:

-“Tenía la esperanza y la confianza de que pasara esto o aquello…”

-“Pensé que él/ella actuaría de tal o cual forma…”

-“No me imaginaba que tal o cual situación tendría éstas consecuencias…”

“No me esperaba esto de aquella persona o de tal circunstancia…”

Y sí, nos decepcionamos porque ponemos nuestras expectativas en lo material, en lo humano, en lo que es frágil, condicional, en quién es de barro y aún necesita ser moldeado por el Amor, como tú y como yo.

Ponemos todo lo que somos y vivimos en lo material y no en lo eterno, que es el Padre:

«Confía en el Señor con todo tu corazón, reconócelo en todos tus caminos, y Él enderezará tus sendas» Proverbios 3, 5-6

En medio de un mundo con expectativas terrenales es difícil tener esa apertura para comprender desde dónde viene nuestra decepción y lo que podemos hacer con ella, ¿verdad?

Pero he ahí también la invitación de fijar los ojos en el Amor Encarnado, en la Palabra, porque como siempre, Él responde («Señor ¿a quién iremos?, tú tienes palabras de vida eterna» Juan 6, 68).

El Padre envío a Su único hijo para que viva lo que tú vives, te enseñe y te acompañe en el Amor: reflexionemos, ¿qué hizo Jesús ante tales situaciones?

Jesús predicó con la Palabra y los hechos, nos enseñó a amar a través de actos concretos como el perdón, la misericordia, la comprensión.

¿La decepción es entonces amiga del amor?: Sí que lo es.

La próxima vez que venga a ti la experiencia de la decepción, ábrele la puerta porque lleva consigo a Su amigo, el Amor. Pide al Espíritu Santo que te dé lo que tu corazón necesita para que el Amor actué.

Padre, en cada experiencia de decepción me das una oportunidad para amar. Te pido que en mi corazón pueda entrar Tu Amor y que ese Amor me conduzca a actuar en Él. Que la experiencia de la decepción siempre venga acompañada del Amor y me permita discernir con qué acto concreto quieres que responda ante dicha decepción: con el acto de perdonar, de comprender, de conocerme a mí mismo a través de Tus ojos para tener expectativas realistas, pero fijas en el cielo, de la misericordia abrazando al otro con todo lo que es (con sus límites, heridas, ataduras).

«Con amor eterno nos ha amado y nos ha reservado gracia» Jeremías 31, 3.

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Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 5 de diciembre de 2021 No. 1378