La Iglesia católica en Estados Unidos sigue con la lucha por una reforma migratoria más humana que posibilite la vida digna para millones de personas que viven en el país del Norte sin documentos. Esta ha sido una de sus batallas constantes por encarnar en evangelio en una de las realidades más acuciantes de nuestro tiempo.

“No se puede permanecer de brazos cruzados mientras nuestros hermanos y hermanas están expuestos a contrabandistas, tratantes, traficantes de drogas y cuantos peligros hay en el desierto”, expresó monseñor Eusebio Elizondo, obispo auxiliar de Seattle, y presidente del Comité Migración y Refugiados de la Conferencia Episcopal Católica Estadounidense, en una rueda de prensa antes de celebrar una misa por las personas inmigrantes.

Durante la conferencia de prensa algunos obispos católicos de Estados Unidos que guardan cercanía con las comunidades de inmigrantes reiteraron en su llamado para que el Congreso avance en una reforma migratoria que flexibilice y acompañe el drama de miles de migrantes.

El pronunciamiento de los obispos se dio en el Capitol Hill, el barrio residencial más grande de Washington, y donde se encuentra el parlamento nacional. Monseñor Eusebio Elizondo, instó a los legisladores de la Cámara de Representantes a aprobar la reforma migratoria presentada.

En la misa, en la que además de los fieles presentes, había numerosos medios de prensa interesados en las posibles declaraciones, el arzobispo de Miami, monseñor Thomas Wenski, reflexionó sobre el evangelio leído y afirmó que Jesús contestó a quienes lo acusaron de quebrantar las leyes del sábado que “el sábado fue hecho para el hombre, y no el hombre para el sábado”.

El arzobispo ratificó la necesidad de que las leyes del país beneficien a la humanidad y no la esclavicen. “Cuando las leyes no pueden promover el bien común, pueden y deben cambiarse”, sentenció. “Nuestras leyes de inmigración necesitan ser cambiadas: son anticuadas e inadecuadas para la promoción y la regulación de las relaciones sociales y económicas en el siglo XXI”, agregó.

Los obispos de Estados Unidos apoyaron una amplia reforma migratoria que, frente a las necesidades futuras de mano de obra, se flexibilicen los trámites de ciudadanía para los más 11 millones de trabajadores migrantes y sus familias que ya están residiendo en territorio estadounidense.

“Nos encontramos -aseveró el arzobispo- en un momento crucialdel debate. Seguimos aplicando políticas de hace 30 años que gastan cientos de miles de millones de dólares, y sin embargo, la inmigración ilegal ha aumentado debido a que el mercado laboral ha exigido trabajadores dispuestos y capaces”.

“Hoy en día, algunos se sienten ofendidos por la defensa que los obispos católicos hacemos de los indocumentados, pero al hacerlo, nos encontramos orgullosos. Por eso, pedimos a la Cámara de Representantes que aproveche la oportunidad para buscar una solución integral a nuestro dañado sistema de inmigración”, afirmó monseñor Wenski.

La misa fue presidida por el arzobispo de Miami, monseñor Thomas Wenski, y concelebrada por el obispo auxiliar de Seattle, monseñor Eusebio Elizondo; el obispo de Las Cruces, monseñor Oscar Cantú; monseñor Gerald Kicanas, obispo de Tucson; monseñor Martín Holley, obispo auxiliar de Washington, y monseñor Ricardo Ramírez, obispo emérito de Las Cruces.