Por: Mónica Muñoz |

La coherencia es un cualidad que debe cultivarse con paciencia y mucha voluntad, pues es muy fácil hacerse del lado de la conveniencia, que es su prima hermana, pero bastante maleada.  Y quiero decir que cuando sabemos que hay que hacer el bien, comenzamos a escuchar una voz interna que nos habla muy bajo, pero que aprueba lo que de primera intención queremos realizar.  Sin embargo, puede ser que surja otra vocecilla, contrarrestando a la primera, esa sugiere caminar hacia el lado contrario para huir de los problemas o situaciones que implica comportarse correctamente.

Pongo un sencillo ejemplo: vamos por la calle y de repente una persona necesitada extiende su mano para pedir una ayuda. Lo primero que pensamos es: “un peso bien puedo dárselo”, pero ojo, este pensamiento es una ráfaga que, inmediatamente, es acallado por un segundo pensamiento que sugiere a gritos: “no, que trabaje, aún es joven y fuerte”.  Y es en ese momento en el que decidimos pasar de largo, y por si fuera poco, haciendo mala cara e ignorando por completo la petición del hermano en apuros.

Creo que a todos nos ha pasado, y con esto no quiero decir que esté bien,  es cierto que a nuestros oídos han llegado historias como la de ese pedigüeño en silla de ruedas que, “dicen”, es dueño de dos departamentos, adquiridos con el dinero de quienes se han compadecido de él, rumores que nunca pasan de serlo, aunque no falte aquél que da pelos y señales de la ubicación de las propiedades, aunque tampoco tenga constancia de ello.

Pero seamos honestos, aquí el asunto no es si esas personas se enriquecen o no, se trata de nuestra respuesta y actitud ante quien se acerca a nosotros a pedir ayuda y comprensión.  Se trata de cuánto hacemos caso a nuestra conciencia cuando nos indica que es momento de hacer el bien, aunque signifique movernos de nuestra postura cómoda y dar algo más de nosotros que sólo dinero.

Hace poco tuve que acudir a una reunión nacional con comunicadores católicos en Acapulco.  Fue una oportunidad para compartir experiencias y conocer los trabajos de los colegas que se desempeñan en la pastoral de la comunicación, pero también para tener un acercamiento con los Obispos del sufriente estado de Guerrero, quienes tocaron  los temas de inseguridad y violencia, entre otros de los graves problemas derivados de la crisis humanitaria por la que están atravesando.

Llamó mucho mi atención la labor que hace la Iglesia al respecto.  El Arzobispo Carlos Garfias habló en especial de la pastoral de acompañamiento y atención integral a víctimas de violencia, que se desarrolla en quince parroquias de alto riesgo.  El trabajo, en apariencia, es sencillo: se trata de escuchar y dar palabras de aliento a los sufrientes.

Cuando Monseñor Garfias platicaba la experiencia de la escucha, yo pensaba, ¡qué importante es hacer sentir a los hermanos que sus problemas nos interesan!, con algo tan simple como escuchar, podemos brindar apoyo y esperanza a quienes han llegado al límite.  Es en esas circunstancias en las que debemos sacar a relucir nuestro ser cristianos y actuar coherentemente.  De nada sirve ir a la Iglesia los domingos y rezarle a nuestros santos si lo hacemos sólo por cumplir con un precepto, si no ponemos en práctica lo que Cristo nos pide en el Evangelio.

Recuerdo a una familia que cada año se esmeraba en comprarle la mejor ropa al santo patrono de su parroquia.  No reparaban en gastos, vistiéndolo con prendas sumamente caras.  Pero el resto del año, vivían como paganos, abusando de los demás.  ¿Qué mérito se puede tener ante Dios si nos hacemos de la vista gorda con nuestros hermanos necesitados?  Porque no se trata sólo de los pobres de la calle, en nuestras mismas familias seguramente tenemos a quién auxiliar.

Y como dije antes, en ocasiones se trata nada más de mostrar empatía, dar nuestro tiempo y compañía puede ser mucho más reconfortante que el dinero.  Pero si tenemos la ocasión de solventar ambas apuraciones, no dudemos en hacerlo, Dios, que no se deja ganar en generosidad, siempre provee más de lo que podemos dar.

Ser coherentes con lo que creemos y hacemos nos hará mucho bien y podremos edificar a otros con nuestro ejemplo. Recordemos las palabras del Apóstol Pablo: “Hermanos, no se cansen de hacer el bien”. (2 Tes 2, 3-13)

¡Que tengan una excelente semana!