El pasado 13 de agosto, se cumplieron 497 años de la caída de México-Tenochtitlan, y, con ésta, la derrota definitiva del imperio azteca.

A falta de territorios sin ocupar en el Anáhuac, los aztecas se habían tenido que conformar con fundar su capital, Tenochtitlan, en los despreciados islotes de la zona pantanosa al oeste del lago de Texcoco. El principal problema de esa parte del lago es que el agua era salada.

Una epopeya arquitectónica

Pues bien, los aztecas no sólo lograron sobrevivir ahí, sino que comenzaron a ampliar su territorio original a través de la construcción de chinampas en el lecho poco profundo del lago. Éste es un signo demostrativo de la gran capacidad de utilización de recursos que poseían los mexicas después de dos siglos de peregrinar desde la mítica ciudad de Aztlán, adquiriendo gran variedad de conocimientos de los pueblos civilizados por los que pasaron. En las chinampas cultivaban verduras y flores, además de criar aves domésticas.

Convirtieron a Tenochtitlan en una de las mayores ciudades de su época en todo el mundo, mediante puentes, acueductos, calzadas, avenidas, tecnología para separar el agua dulce de la salada, y templos dedicados a sus dioses, destacando desde luego el llamado templo mayor.

La ciudad azteca llegó a tener una extensión de tres kilómetros cuadrados, y en ella habitaban más de dos mil personas por kilómetro cuadrado, pues Tenochtitlan fue ejemplo de una metrópoli bien estructurada, higiénica y organizada.

Los aztecas construyeron grandes obras hidráulicas para controlar inundaciones, como la Albarrada de Nezahualcóyotl y los diques entre los lagos de Chalco-Xochimilco y de Xochimilco-México, que ingeniosamente regulaban el flujo y reflujo de las aguas. Igual de sorprendente fue el Acueducto de Chapultepec, que surtía de agua potable la gran ciudad. También hay que mencionar la red de canales y acequias que permitían una rápida transportación de personas y mercancías.

Todo esto es aún más admirable si se considera que en Mesoamérica no se conocía el hierro, ni la rueda como medio de transporte, y que tampoco se contaba con animales suficientemente grandes para emplearlos como bestias de carga.

LA EXTENSIÓN DE SU DOMINIO

Fue en el siglo XV cuando los aztecas comenzaron a extender su dominio, al conquistar el reino de Azcapotzalco.

Ellos y sus aliados imperaron sobre numerosos pueblos, especialmente en el centro de México, la región de Guerrero y la costa del golfo de México, así como algunas zonas de Oaxaca. Poseían, además, enclaves en varias posiciones estratégicas en la región de Tabasco y dominaban la ruta entre el corazón de Mesoamérica y el sur del actual estado de Chiapas.

El modo en que los mexicas se impusieron sobre otros pueblos no se ajustó a la estructura imperial de las monarquías europeas. Por ejemplo, los aztecas no impusieron su religión ni su lengua a los dominados, y, salvo algunos casos estratégicos donde los aztecas sí establecieron su control militar, los pueblos sometidos seguían teniendo gobernantes locales, pero carecían de independencia política total.

El régimen de dominio azteca fue más que nada en el orden económico, principalmente mediante cobro de tributos, que consistía en apropiarse de la producción de las naciones sometidas. Otras veces, como fue para el caso del reino de Tlaxcala, el dominio de los aztecas consistió en que, a cambio de respetarle su independencia, lo obligaban a participar en sus «guerras floridas», cuyo objeto no era matar en batalla sino hacer muchos prisioneros para ofrecerlos a sus dioses en sacrificios humanos.

Según algunos investigadores, el imperio azteca llegó a tener sometidos a 15 millones de habitantes.

Por la exigencia de tributos y la belicosidad y salvajismo de la cosmovisión mexica —en general todos los pueblos mesoamericanos practicaron sacrificios humanos, pero parece que ninguno tanto como los aztecas—, no es de extrañar que cuando Hernán Cortés y sus hombres arribaron en 1519 a lo que hoy son tierras mexicanas, encontraran a muchos pueblos ansiosos de liberarse de aquel yugo, al grado de que acabaron pidiendo protección a los españoles y se aliaron con ellos.

Ésa sería una de las claves fundamentales de la caída del imperio azteca.

LA LLEGADA DE LOS ESPAÑOLES A TENOCHTITLAN

Escribe el arqueólogo Diego García que «el primer encuentro entre Cortés y el huey tlatoani Moctezuma II fue un momento muy emocionante para todos los involucrados.

«No en balde Cortés y Bernal Díaz dedicaron mucho espacio en sus escritos para retratar la insospechada grandeza de la capital de los mexicas. Aunque pudieran exagerar los conquistadores en sus descripciones para magnificar así sus hazañas y servicios a la Corona, es auténtica la perplejidad que se trasluce en las maravilladas descripciones de templos, plazas, mercados, palacios, vestimentas, productos, etc. Comparada con Venecia, Sevilla o Constantinopla, la ciudad de Tenochtitlan sale muy bien parada».

OTROS FACTORES

Si los españoles y sus aliados lograron finalmente derrotar a los aguerridos mexicas, fue también con la ayuda de la epidemia de viruela que los europeos introdujeron no de forma deliberada en Tenochtitlan, y que diezmó a mucha de su población.

Igualmente, contribuyeron a la derrota azteca el que los españoles contaran con caballos, lo mismo que con un armamento superior: mosquetones, cañones y lanzavenablos, muy superiores a las macanas y las flechas de los nativos.

Redacción

Los once señores del imperio azteca 

El poder político monárquico no ha tenido un solo nombre en el mundo. Cada región le ha asignado un nombre especial a esta clase de dirigentes suyos.

Así, en China el emperador era el huang («rey dios») o el di («rey sabio»); en Rusia, el zar; en Alemania, el káiser; en Persia, el sha; etc. Pues bien, en el imperio de los mexicas el emperador era el huey tlatoani, que significa «gran orador» o «gran gobernante», título que lo distinguía del gobernante de una sola ciudad, que era simplemente un tlatoani.

Ya consolidado como imperio, el de los aztecas tuvo once huey tlatoanis:

Acamapichtli (cuyo nombre significa «El que empuña la caña»), de 1366 a 1391.

Huitzilihuitl («Pluma de colibrí»), de 1396 a1417.

Chīmalpopoca («Escudo que humea»), de 1417 a 1427.

Itzcóatl («Serpiente de obsidiana»), de 1428 a 1440.

Moctezuma o Motecuhzoma Ilhuicamina («Señor encolerizado, flechador del cielo»), de 1440 a 1469.

Axayácatl («Cara de agua»), de 1469 a1481.

Tīzoc («Pierna atravesada»), de 1481 a 1486.

Ahuízotl («Nutria»), de 1486 a1502).

Moctezuma o Motecuhzoma Xocoyotzin («Señor encolerizado, el más joven»), de 1502 a 1520

Cuitláhuac («Limo del lago»), sólo en 1520.

Cuauhtémoc («Águila que desciende»), de 1520 a 1525.

TEMA DE LA SEMANA: LA CAÍDA DE MÉXICO-TENOCHTITLAN, 13 DE AGOSTO DE 1521

 

Publicado en la edición impresa de El Observador del 19 de agosto de 2018 No.1206