Fabrice Hadjadj (Nanterre, Francia, 1971) ha escrito un libro necesario y controvertido: La suerte de haber nacido en nuestro tiempo (RIALP, 2016).  ¿Suerte?  Sí, e inesperada fortuna.  Pero, ¿qué el mundo y México no marchan al revés de como «debían» marchar?  Ahí está la cuestión: justo cuando la oscuridad es más cerrada es cuando más cerca está el amanecer.

Hadjadj dice: «La fe en Dios conlleva la fe en la fortuna inesperada de haber nacido en este siglo y en medio de tanta perdición.  Exige una esperanza por encima de toda nostalgia y de toda utopía.  Si estamos aquí es porque el Creador nos quiere aquí».  No allá ni en otro lado; no en un tiempo sin tiempo o en un tiempo remoto: en este tiempo de miseria es donde tenemos que florecer.

El Creador nos quiere aquí.  Enfrentando –sin utopías ni nostalgias—«tiempos interesantes».  Con una sola «regla de oro», emanada del Monte de las Bienaventuranzas: «hagan al otro lo que quieran que el otro haga con ustedes».  «Porque –concluye Hadjadj en su libro- ¿qué es al fin y al cabo el cristianismo?  Contemplar los lirios del campo (Mt. 6,28), comer del trabajo de las propias manos, cantar un cántico viejo y nuevo (…) permanecer unidos en la doctrina del amor, perseverar en la comunión fraterna, en la fracción del pan y en las oraciones (Heb. 2,42). Cosas muy sencillas pero que exigen para protegerlas la sangre de los mártires».

O el martirio cotidiano que significa, justamente, conservar la fe, propagar el Evangelio, seguir adelante, sacrificar lo que «es nuestro» por el bien de los demás y nunca, nunca sustituir el dolor por la actitud vergonzosa de la huida, el egoísmo y lo «políticamente correcto».

El Observador de la Actualidad

Publicado en la edición impresa de El Observador del 23 de diciembre de 2018 No.1224