El padre Prisciliano Hernández Chávez, sacerdote de los Operarios del Reino de Cristo, es un experto en arte sacro. Por más de 20 años fue coordinador de la Comisión Diocesana de Arte Sacro. Es rector del Templo Expiatorio del Sagrado Corazón de Jesús, en Santiago de Querétaro. Además, se ha destacado participando en la remodelación de templos y proyección de otros nuevos, y es el diseñador de los  vitrales para diversos recintos religiosos en el país.

Por Chucho Picón

Padre Prisciliano, ¿qué es la belleza? ¿Cómo definirla para que cualquier persona pueda entenderlo?

Es un tema importante para todo ser humano, pero tenemos problemas para definirla. Platón, Aristóteles, santo Tomás de Aquino,  Kant y muchos otros, hasta nuestros días, han proporcionado una constelación de opiniones acerca de lo que es la belleza.

Hay que saber que la belleza participa del Misterio, por eso es difícil objetivarla.  San Juan Pablo II, en su Carta a los Artistas, retoma el concepto de la belleza de Platón.

Para ser sintéticos diríamos que es Splendor veritatis, es decir, la belleza es «el esplendor de la verdad». Y podemos añadir que la belleza es el esplendor de la bondad, y que es el esplendor de la forma.

El esplendor de la verdad es el ser en cuanto captado por el entendimiento. En el bien captado por la voluntad como capacidad de la apetencia tenemos la bondad, y en ella se inscribe la dimensión de la belleza como camino hacia al ser, que participa del bien, el bien en cuanto captado por la sensibilidad.

Ésa es la parte objetiva de la belleza. Pero cualquiera puede captarla de diversas maneras, también en lo subjetivo.  Y esto también lo vemos en los diferentes filósofos: cada uno se inclina más por algún determinado aspecto metafísico, sobre todo los clásicos; y también en la filosofía moderna, a partir de Kant, donde se recalca más esta dimensión de la subjetividad.

¿El arte es belleza?

Lo que es propiamente bello es lo relacionado con el alma. Y el arte  puede serlo si es expresión de la belleza, plasmación de la belleza, o epifanía de la belleza.

Aunque modernamente muchos quieren identificar la belleza en la obra de arte, yo creo que, matizando, mejor debemos decir que, como el alma es al cuerpo, así la belleza es al arte.

¿Cómo debemos entender el arte sacro?

El arte, de suyo, es un fenómeno humano; y una dimensión muy importante en todo ser humano es encontrar el sentido trascendente de la vida, que explique el fundamento de toda realidad. Por eso hay arte religioso en todas las creencias, y arte sacro en la Iglesia. Y ese arte sacro es la expresión asumida por nuestra fe y plasmada por los artistas desde el cristianismo primitivo hasta nuestros días.

Usted ha estado a cargo del arte sacro de diversos templos en México. ¿Podría enlistarnos algunos en los que ha trabajado?

Yo fui responsable del arte sacro de Querétaro por más de veinte años; don Mario de Gasperín, obispo emérito ahora, fue el que me invitó a trabajar en este campo. Hay templos en Querétaro con diseño o con asesoramiento mío, aunque algunos no los terminamos, por lo que después intervinieron otros criterios.

En el templo de Carretas intervine en la dimensión conceptual en su capilla del Santísimo, en el presbiterio de la iglesia grande y en el bautisterio. También diseñamos el templo que está en las Américas; participe en el diseño de la Inmaculada, y, con la arquitecta Goretti Servín  y su hermano Carlos, trabajamos en conjunto para proyectar y realizar el Templo Expiatorio del Corazón de Jesús.

También hemos trabajado en la Catedral de Tuxtla, que estaba en obra negra; ahí diseñé el vitral más grande que hasta ahora he diseñado: es triangular, con 17 metros de base y 17 metros de altura.

Igualmente trabajé en la Catedral de Matehuala, diseñando los vitrales y el presbiterio; en la Catedral de Ciudad Nezahualcóyotl, proyectando el presbiterio. Y en otros lados.

He diseñado los vitales de varios templos. Tienen mi sello personal, porque la herrería no es solamente soporte, sino que forma parte del diseño; e integro en ellos también el ónix, y una gama de colores con diversas figuras; por ejemplo, en el templo de Pentecostés, en el de San Isidro, y en el de la Cruz; y en la capilla de la Asunción. Todos estos últimos en Querétaro.

¿Tiene usted una obra de arte favorita?

Para mí la obra más extraordinaria es la de Dios Creador y Artista; así que mi obra favorita es toda la naturaleza, un amanecer, un atardecer, una flor, un árbol, el mar, los peces, los animales… Es impresionante toda la Creación. Dios puso ahí su toque de artista.

En segundo lugar, mi obra favorita es la Virgen de Guadalupe, obra extraordinaria de Dios.

Y ya dentro de las obras realizadas por los seres humanos, como las de Leonardo da Vinci y las de Miguel Ángel, hay unas en particular que a mí siempre me han llamado la atención, y son las pinturas de El Greco, de manera especial El entierro del señor de Orgaz, porque no sólo provoca el placer estético sino porque contiene toda una catequesis pues invita a la contemplación de un misterio: se muere para este mundo pero se nace para otro; y además, aparece una imagen bellísima de Cristo Glorioso, con una mirada de compasión.

¿Se puede decir que el arte tiene una dimensión social? Si es así, ¿qué efectos puede producir, y cómo se puede usar para construir un mundo mejor?

Octavio Paz, en su obra Los hijos del limo, habla de cómo el arte ha llegado a los niveles más bajos. En esto podemos entender que hay un pseudo-arte que sí ha causado un gran daño, sobre todo a la juventud: un arte que ha servido para exaltar pasiones, no para lavar el espíritu.

Pero todo buen arte, que implica la experiencia estética de la belleza, por supuesto que nos puede llevar a una práctica ética.

En  el verdadero arte hay una dimensión del Misterio, que está más allá y que, por tanto,  atiende a una dimensión metafísica.

Para entender lo trascendental de la belleza quiero referirme a lo que citó el Papa san Juan Pablo II en su Carta a los Artistas, donde hace referencia a El príncipe idiota, de Dostoievski; el novelista ruso presenta al príncipe Mischkin conversando con el ateo Ippolit; le dice: «La belleza salvará al mundo». Entonces Ippolit le pregunta qué belleza, cuál de todas ellas salvará al mundo.

Pues esa belleza que salvará al mundo es la que nos lleva a lo sublime, la que nos conecta directamente con Dios. De esto también habló el Papa Benedicto, porque  el arte que está impregnado de belleza tiene una misión imprescindible; sea el canto, sea la música, sea la arquitectura, sea la pintura…

Todos los campos del arte, incluso introduciendo las nuevas posibilidades del arte, como sería el cine, la fotografía y el arte gráfico; éstos pueden elevar de verdad el espíritu humano y, por tanto, también elevar la condición ética.

Padre, ¿qué le diría usted a todos esos católicos que le piden a la Iglesia que venda sus valiosas obras de arte para solventar la pobreza?

Las obras de arte que posee la Iglesia pertenecen a todos los católicos de este tiempo, de los de siglos pasados y de los que habrán de venir.  Se podrían vender, sí, pero entonces esas obras de arte ya sólo serían para ricos.

Jesús dijo: «A los pobres los tendrán siempre con ustedes». San Juan Pablo II quiso vender alguna obra de arte para ayudar en alguna necesidad, pero el gobierno de Italia no se lo permitió, porque consideró que esa obra también era patrimonio de Italia.

Un pensador alemán, Walter Benjamin, habla del «aura» para referirse a una obra de arte original. Pero en la actualidad ya hay otras posibilidades con las copias; así, por ejemplo, muy pronto tendremos de este modo una copia de la Capilla Sixtina. Es que hay bienes muebles y bienes inamovibles, y la Capilla Sixtina original se hizo para ese lugar, entonces tiene derecho a permanecer en ese lugar.

Hay otras maneras de solventar la pobreza sin perder el patrimonio artístico que es de todos los católicos, de todos los hombres de buena voluntad y de todos los que quieran gozar el arte; y éste puede ser también un camino para conocer a Dios y, por tanto, para la salvación. Así que también es importante descubrir la dimensión catequética y evangelizadora de las obras de arte. ¡El arte es también para la salvación!

TEMA DE LA SEMANA: LA BELLEZA SALVARÁ AL MUNDO

Publicado en la edición impresa de El Observador del 26 de marzo de 2017 No.1133