El nuevo libro de la conversa Veronique Lèvy, de origen judío y hermana de Bernard-Henri Lèvy, el filósofo de la izquierda francesa quizá más relevante tras de Jean-Paul Sartre, lleva el provocativo nombre de Jesucristo o los robots.

Veronique lo explica así en una entrevista a Le Nef: «Si el hombre rechaza a Cristo, que vino y viene de nuevo a visitarle en su carne y en la carne del mundo, entonces es una carne abandonada, huérfana de su eternidad, prisionera de un desastre… una carne en serie, sometida a los algoritmos financieros, a los brujos de la genética, a los maestros de los robots, a los ídolos del consumismo y de la guerra».

Ella quiere que Francia vuelva a ser «el rostro de la Iglesia». Nosotros en México, ¿no estaremos cayendo –con las enormes diferencias culturales que nos separan—en el mismo desastre de los franceses, creyendo más en los ídolos del poder y en el paraíso que prometen a quienes los aman, que creyendo en la carne y la sangre de Jesucristo, carne y sangre que salva y redime?

México, como Francia, ha sido privilegiado. Aquí, hace 500 años, se celebró la primera Misa en tierra continental; aquí llegó la primera misión franciscana, fue el sitio donde se produjo el modelo histórico de «conquista espiritual» del catolicismo y, acontecimiento supremo, la Madre de Jesús se quedó a vivir entre nosotros. ¿Deberíamos tener miedo al poder político que destruye; al mercado que se traga todo? ¿No tenemos una responsabilidad ante nuestros padres, ante el mundo?

Leemos a diario en cantidad de notas que en México están triunfando «los robots» de los que habla Veronique Lèvy. Y las creemos. ¡Ay de nosotros! Nuestra herencia será la miseria del que cree que el Estado o el Mercado salvan.

El Observador de la Actualidad

TEMA DE LA SEMANA: EL RETORNO A CASA DE LAS MADRES ROSAS

Publicado en la edición impresa de El Observador del 24 de marzo de 2019 No.1237