Visitar Santa Rosa de Viterbo es encontrarse con una página de la historia del Querétaro barroco; pero ahora también con una página de la vida de un beaterio habitado en el siglo XVIII por las Madres Rosas, un grupo de religiosas que destacó por su dedicación a Dios y cuya vida y obra ahora se exhiben en un museo.

Por Rubicela Muñiz

¿Cómo potenciar Santa Rosa de Viterbo? Fue la pregunta que inspiró la creación del museo que ahora exhibe parte de la historia y la belleza alrededor de las religiosas conocidas como las Madres Rosas. Monseñor Martín Lara Becerril, rector de dicho recinto, nos cuenta la razón de ser de este proyecto y lo que se quiere transmitir.

«Cuando yo llegué, en el 2012, pude observar el gran potencial que tiene Santa Rosa desde el punto de vista histórico, cultural, artístico y espiritual. Santa Rosa tiene un potencial muy grande y puede dar mucho. La pregunta era ¿cómo potenciar Santa Rosa de Viterbo? Y entonces formé un patronato que me ayudara para poder realizar esta tarea.

«Teníamos el proyecto de conservación y restauración de todo el arte y el proyecto de promoción para dar a conocer todo esto, para que el mundo lo conozca, y ahí está el museo. Queremos que conozcan toda la belleza y toda la riqueza que tenemos en Santa Rosa, porque es un jardín de arte, un jardín de rosas que hay que disfrutar».

¿Beatas o religiosas?

En la preparación, monseñor Lara se fue encontrando con la novedad de que el complejo de Santa Rosa fue un colegio real que estuvo habitado por beatas, un grupo de mujeres de la tercera orden franciscana, a las que los queretanos conocían como las Madres Rosas y quienes serían expulsadas de su convento por las Leyes de Reforma.

«Les decían así porque la gente veía en ellas su dedicación a Dios, su consagración a Dios y las identificaba como religiosas, aunque ellas eran beatas; las religiosas hacen sus votos solemnes y las beatas no tienen una consagración como tal por medio de los votos solemnes.

«Ellas fueron expulsadas de su convento por medio de la ley de la desamortización de las leyes de la Iglesia o las Leyes de Reforma de 1867. Se van y este grupo de beatas se queda sin casa.

«Un sacerdote de la Sierra Gorda les dijo que había un lugar en Bucareli, que se podían ir para allá y empezaron el camino. Al llegar a Colón el párroco descubrió que había un grupo de monjas que iba de camino y se preguntó quiénes eran, quién las cuidaba, y las detuvieron ahí para preguntar en Querétaro; y en todas estas vicisitudes ellas se quedaron en Colón, ahí hicieron su hogar de una manera sencilla y, a manera que fue pasando el tiempo, las Madres Rosas se fueron acabando.

«La última Madre Rosa murió en 1987 en Colón. Existe un dato que cuando fueron expulsadas habían más de cien beatas».

El gran tesoro que dejaron

Al morir la última madre se pierde todo rastro y conocimiento de las Madres Rosas, pero siempre algo queda en la memoria. A monseñor le comenzaron a preguntar por el Niño Dios de las Madres Rosas, historia que desconocía. Y platicando con distintas personas supo de la existencia del señor Antonio Prado, un hombre que fue amigo de las religiosas y que conservaba un gran tesoro.

«Aquí en Santa Rosa la gente me decía ¿Dónde está el Niño Dios? Yo no tenía esa información y, platicando, me di cuenta de que en Colón un señor, que era conocido y amigo de las Madres Rosas, recibió como herencia histórica, cultural y espiritual las últimas cosas de las Madres Rosas .

«Dentro de esas cosas estaban sus escritos originales desde 1860 y la imagen del Niño Dios que me preguntaba la gente. Yo platique con el señor Antonio Prado y él tuvo a bien regresarme las cosas, donar las cosas para Santa Rosa de Viterbo, su biblioteca, el Niño de Belén, y me regresó el cazo en donde las monjitas hacían los dulces y uno de los platos en donde ellas comían».

El museo de Santa Rosa cuenta con más de 100 piezas de arte entre pintura de caballete, escultura en madera, ornamentos litúrgicos y fue enriquecido con todos los documentos que se rescataron. Para consumar el proyecto el Gobierno del Estado, a través de la Secretaría de Cultura de Querétaro, destinó un importante apoyo tanto en asesoría, como técnico y económico.

«El apoyo que recibimos fue muy fuerte y junto con el patronato nos dimos a la tarea, desde hace tres años, de levantar el museo, hasta este 27 de febrero pasado cuando se inauguró. El patronato, más la Secretaria de Cultura y los fieles son los tres núcleos que impulsamos la creación del museo.

«En Santa Rosa de Viterbo cada uno de los rincones es arte, es historia, es cultura y, sobre todo, fe, porque todo nació inspirado por la fe; las pinturas son de corte religioso, los ornamentos, los muebles, todo habla de la fe. No es otra cosa más que la expresión de la fe.

«Es un museo que aporta a todo el bagaje cultural que tiene la ciudad de Querétaro. Invito a la gente a que venga a respirar la santidad del perfume de las Madres Rosas, que venga a sentir la experiencia de vida de un beaterio, lo que les inspiró a vivir una vida santa».

TEMA DE LA SEMANA: EL RETORNO A CASA DE LAS MADRES ROSAS

Publicado en la edición impresa de El Observador del 24 de marzo de 2019 No.1237