Es muy común ver en los templos mexicanos que las imágenes de san Chárbel estén pletóricas de cintas de colores. Esta costumbre inició en la Catedral Maronita de México, ubicada en el centro histórico de la capital del país. Un día una feligrés angustiada por su enfermedad pasó a orar para pedir la misericordia de Dios por intercesión de san Chárbel Makhlouf. Insistiéndole al santo que no olvidara su petición, la enferma decidió dejársela por escrito; buscó entre sus cosas dónde anotar, y sacando un rollo de listón que acababa de comprar cortó un pedazo de la cinta, escribió en ella y se la puso a la imagen del santo del Líbano. Pasados algunos días regresó agradecida porque Dios la había sanado por la intercesión de san Chárbel, y en gratitud le dejó otro listón a su imagen.

Los listones para san Chárbel suelen ser entonces dos: uno de color para pedir una gracia, y uno blanco como testimonio de gratitud después de recibir el favor.

Pero hay que advertir que esta práctica ha derivado en un código de colores que raya en la magia y la Nueva Era, por lo que hay que tener cuidado en no caer en tales desviaciones, aun cuando algunas personas hagan circular el catálogo de colores dentro de algunos templos. Por ejemplo, se dice que debe escribirse «Yo deseo (a continuación la petición) en armonía para todo el mundo», que el listón rojo es para conseguir dinero, que el violeta es para «meditación» y «transmutación», el amarillo para tener «sabiduría» o el morado para «limpiar la energía de vibraciones negativas, brujerías y envidias».

Redacción

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Publicado en la edición impresa de El Observador del 7 de abril de 2019 No.1239