El pez

El pez fue uno de los primeros símbolos del catolicismo. Podía ser un dibujo más o menos detallado, como algunos que se ven en las catacumbas.

Pero su modo más básico consistía en dos arcos que forman la figura del pez. Esta forma simple la utilizaban los seguidores de Cristo como símbolo secreto para identificarse entre sí; bastaba que uno dibujara en el suelo esas dos líneas en forma aparentemente aleatoria, dando forma al pez, para hacer saber su fe sólo a otro que supiera interpretar aquel símbolo, o sea a otro católico.

En griego la palabra pez es ΙΧΘΥΣ (ixthys o ixthus). Puestas en vertical, estas letras forman un acróstico:

Ἰησοῦς Χριστὸς Θεοῦ Υἱὸς Σωτήρ (Iesús Jristós, Zeú Yiós, Sotér), que significa: «Jesucristo, Hijo de Dios, Salvador»

En los templos actuales es común ver el ΙΧΘΥΣ grabado en el altar, en el ambón o en alguna otra parte.

El Crismón

Se llama Crismón al signo elaborado con las dos letras griegas sobrepuestas Χ («chi») y Ρ («rho»), que son las dos primeras letras mayúsculas de Χριστὸς (Cristo).

Se trata, pues, de un símbolo del nombre Cristo. Se utiliza mucho en vestimentas y objetos litúrgicos, así como en lápidas.

Su presencia era muy común en la Iglesia primitiva, tanto así que, después de que el emperador Constantino firmara el Edicto de Milán (año 313) con el que se establecía la libertad de culto para los cristianos, empezó a ponerse en algunas monedas romanas.

Cuando la Χ («chi») es girada para que parezca una cruz, a veces se le llama staurograma, de staurós (σταυρός), palabra que hace referencia al palo vertical de la cruz.

INRI

Es el acrónimo de la frase latina Iēsus Nazarēnus, Rēx Iūdaeōrum, título que Poncio Pilato dio a Jesucristo:

«Pilato mandó escribir un letrero y ponerlo sobre la cruz. Estaba escrito: ‘Jesús el Nazareno, Rey de los judíos’.

«Muchos judíos leyeron este letrero, pues el lugar donde Jesús fue crucificado estaba muy cerca de la ciudad. Además estaba escrito en hebreo, latín y griego. Los jefes de los sacerdotes dijeron a Pilato: “No escribas: ‘Rey de los Judíos’, sino: ‘Este ha dicho: Yo soy el rey de los judíos’”. Pilato contestó: “Lo que he escrito, escrito está”» (Juan 19, 19-22).

En la Cruz el título no estaba abreviado sino completo, en los tres idiomas mencionados. Se conserva aún un trozo de 25 por 14 centímetros, el cual se conoce como titulus crucis.

Alfa y Omega

En el Apocalipsis Jesús dice de sí mismo: «Yo soy el Alfa y la Omega, el Primero y el Último, el Principio y el Fin» (Ap 22,13).

Alfa (A, α) es la primera letra del alfabeto griego, y Omega (Ω, ω )es la última. Juntas representan la eternidad de Cristo.

Como símbolo las dos letras pueden aparecer solas, pero desde tiempos de las catacumbas era común ponerlas a los costados del Crismón.

El monograma IHS

Las letras IHS son las primeras tres del nombre ΙΗΣΟΥΣ («Jesús»): «Iota» (I), «eta» (H) y «sigma» (Σ).

No sólo se abrevia el nombre de Jesús como IHS, sino también como IH; también existen las variantes JHS,
JHC o IHC.

Cuando las letras IHS se superponen entre sí forman un monograma.

Se usa mucho en vestimentas y objetos litúrgicos.

Pavo real

Los antiguos griegos creían que la carne del pavo real no se descomponía después de su muerte, por lo que comenzó a convertirse en símbolo de inmortalidad.

En la Iglesia primitiva los católicos adoptaron este símbolo para representar su fe en la vida eterna; por eso es que usualmente esta ave es representada junto al árbol de la vida.

El pelícano

El pelícano es símbolo de la muerte y resurrección de Cristo.

Los antiguos imaginaron a esta ave dispuesta a lastimarse a sí misma para alimentar a sus hijitos hambrientos, transformándola en símbolo del altruismo total.

Eusebio (siglo IV d. C.), comentando el versículo 8 del Salmo 102 (101), que habla de un pájaro, dice que mientras la serpiente mata a las propias crías, el pelícano se levanta sobre el nido y se lastima el pecho hasta sangrar, haciendo caer la sangre sobre los pajaritos muertos que de esta manera vuelven a la vida.

San Agustín, en el siglo V, partiendo del mismo discurso, propuso la beatitud del pelícano como símbolo de la Resurrección.

Sólo hasta el siglo XIII el pelícano acabó simbolizando no sólo el triunfo de Jesús sobre la muerte sino también su Pasión, al derramar su propia sangre para la salvación del mundo.

El Cordero

San Juan Bautista presento a Jesucristo con estas palabras:

«Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo» (Juan 1, 29)

El Apocalipsis habla de «un Cordero que estaba de pie, a pesar de haber sido inmolado» (Ap 5, 6), y que se refiere a Jesucristo, muerto en el sacrificio de la cruz pero resucitado.

El título «Cordero de Dios» se utiliza ampliamente en la liturgia cristiana, y de hecho hay una oración que se llama Agnus Dei («Cordero de Dios» en latín) que es parte fija de la Santa Misa desde el siglo VII.

El Buen Pastor

Un pastor con sus ovejas es un símbolo que se utiliza para referirse a Cristo Jesús, pues Él conduce a su rebaño a pastos verdes, da descanso a la oveja cansada, cura a la enferma, y va a buscar a la descarriada.

Él mismo se presentó con ese título: «Yo soy el Buen Pastor. El Buen Pastor da la vida por sus ovejas» (Juan 10, 11).

Desde tiempos de las catacumbas era una imagen muy utilizada.

El ancla

El ancla, en el mundo antiguo, representaba seguridad. En la Carta a los Hebreos se adopta este símbolo para indicar la esperanza cristiana:

«Ésta es nuestra ancla espiritual, segura y firme» (Hb 6, 19).

El ancla es un signo muy común en las catacumbas.

La Cruz, el crucifijo y la señal de la Cruz

La Cruz es el principal símbolo del cristianismo, pues representa la salvación por el sacrificio de Cristo Jesús. Sin embargo, en los primeros siglos los católicos no usaban aún este signo debido a la persecución constante que experimentaban, ya que la Cruz de inmediato los hubiera delatado —por eso recurrían al pez, al pelícano, etc.—; y, segundo, porque era un instrumento de suplicio infame aún muy utilizado en ese tiempo, de manera que la vista de una cruz transmitía más bien una idea negativa.

Muy lentamente la Cruz comenzó a usarse, sencilla y pequeña, como símbolo de gloria y triunfo, y fue hasta la época del emperador Constantino que la Cruz fue usada públicamente como estandarte del cristianismo.

Se han desarrollado muchas variantes de la Cruz a lo largo del tiempo. Entre ellas se pueden mencionar
como ejemplo:

  • La Cruz más simple (Crux simplex), también llamada Cruz latina, es una línea vertical (stipes) cruzada por una horizontal (patibulum) más arriba de su mitad.
  • En la Crux conmissa o decapitata, el patibulum se sitúa sobre la stipes en forma de T. Se conoce como Tau y es muy empleada por los franciscanos.
  • La Cruz de Malta, también llamada Cruz de San Juan, originalmente se representaba como una cruz ensanchada con los extremos de los brazos hendidos por una escotadura, de forma que cada uno terminaba en dos puntas.
  • La Cruz de Santiago es roja y simula una espada, con forma de flor de lis en la empuñadura y en los brazos. Es de la época de las Cruzadas, cuando los caballeros llevaban pequeñas cruces con la parte inferior afilada para clavarlas en el suelo.

En cuanto al Crucifijo, éste ya no es sólo la Cruz desnuda sino la representación del Crucificado. Los primeros Crucifijos datan del siglo V, y sólo tras que en el siglo VIII el segundo concilio de Nicea zanjó la querella iconoclasta (secta que rompía las imágenes de carácter religioso), se admitió universalmente la representación de Jesucristo crucificado.

Cuando aún no pintaban la Cruz, lo que sí ocurría al menos desde el siglo II es que los cristianos habitualmente se santiguaban, según da testimonio Tertuliano: «En todos nuestros viajes y movimientos en todas nuestras entradas y salidas, al ponerse los zapatos, en el baño, en la mesa, al encender velas, al acostarse, al sentarse en cualquier tarea en que estemos ocupados, marcamos nuestras frentes con la señal de la cruz». Después ya no fue sólo sobre la frente sino desde la frente al pecho y desde el hombro izquierdo al derecho, invocando a la Santísima Trinidad.

La Virgen y sus imágenes

La veneración a la Santísima Virgen María es tan antigua como la Iglesia misma.

Las imágenes más antiguas de Ella se remontan a la época de las catacumbas. La más antigua que aún se conserva está en las Catacumbas de Santa Priscila, en Roma, y muestra a la Virgen
con el Niño.

En el siglo V, tras que el concilio de Éfeso ratificó dogmáticamente la verdad de que María es Madre de Dios, sus imágenes se popularizaron.

Otros

La cantidad de elementos característicos e incluso exclusivos del catolicismo es enorme. De hecho cada acto de culto católico suele ir acompañado de un montón de símbolos. Podemos mencionar:

La ceniza, el agua bendita, el crisma, el fuego nuevo, el cirio pascual, las veladoras, el incienso, el pan bendito, la sal exorcizada, las campanas benditas, los reclinatorios (para arrodillarse), las imágenes de ángeles y de santos, el Sagrado Corazón de Jesús, el Inmaculado Corazón de María, el Rosario, el escapulario carmelita, el escapulario verde, la Medalla Milagrosa, la medalla de San Benito, el triángulo con el ojo (símbolo de Dios Trino y Uno), la paloma (símbolo del Espíritu Santo), la mitra (símbolo del obispo), la tiara (símbolo del papado), las llaves cruzadas (símbolo de la potestad dada por Cristo a san Pedro y sus sucesores), el báculo (símbolo de que el obispo es pastor de los fieles), la lámpara junto al sagrario (símbolo de la presencia de Cristo), etc.

TEMA DE LA SEMANA: LOS SÍMBOLOS DEL CATOLICISMO

Publicado en la edición impresa de El Observador del 28 de julio de 2019 No.1255