Por Sergio Ibarra

La disciplina se ha convertido en un desafío para nuestra sociedad, la sociedad mexicana, una que en lugar de evolucionar hacia una cultura en donde cada quien privilegie el orden social, cumpliendo antes que nada con su palabra y luego con las leyes, hace todo lo posible reforzar la cultura de la transa y de fregarse al otro.

Nos hemos acostumbrado a llegar tarde a todo, a tener pretextos para no entregar tareas o trabajos en la forma y en el tiempo que se nos exige, hacerlas a medias o mal hechas, tirar basura, desperdiciar agua, evitar pagar impuestos, robar la luz, exceder los limites de velocidad, destruir parques públicos o hacer dizque encuestas para cancelar aeropuertos. Lamentablemente sucede desde temprana edad, se vuelve la memoria con la que actuamos a diario.

La amenaza es que una parte de esta indisciplina se hace desde el consciente y con cinismo. La venta de bebidas adulteradas es parte de ello. En esta semana sucedió con un tequila que un familiar compró, aquí en nuestra ciudad, en una de las numerosas tiendas de conveniencia. Se trata de una marca de alto prestigio y su precio ronda los quinientos pesos. La sorpresa no fue menor, ya que, para dar cuenta del asunto, se ingirió aunque fuera poco.

Los fabricantes deben un dispositivo de seguridad consistente en un plástico que supone que no se podría adulterar. Extraño que un producto que venía aparentemente cerrado y empacado en forma correcta, de una marca de prestigio, resultara ser adulterado y un riesgo. La respuesta del corporativo y de la tienda fue: venga y se la cambiamos.

Un fraude de esta naturaleza implica a más una persona, es una cadena; no se trata de un producto con una falla en su producción o calidad en el color o en el sabor. ¿Qué nos queda como consumidores? Tener cuidado en las compras, en bares y restaurantes. Estimaciones de fuentes que consultamos nos dicen que hasta un 20% de las bebidas alcohólicas son adulteradas.

Lo grave es que esta indisciplina lo único que ocasiona es una sociedad basada en la desconfianza.

Publicado en la edición impresa de El Observador del 11 de agosto de 2019 No.1257