El camino espiritual por el que Dios fue conduciendo a santa Teresa generó entre ellos una relación tan profunda que en una ocasión Jesús le dijo: «Todo lo mío es tuyo y todo lo tuyo es mío».

En otra ocasión, cuando ella aún estaba en el monasterio de la Encarnación en Ávila, o sea antes de que pudiera emprender la primera de sus fundaciones y, por tanto, la reforma del Carmelo, un día santa Teresa de Jesús iba bajando por las escaleras y se topó con un precioso Niño que le sonreía. Sor Teresa, sorprendida por ver a un pequeño dentro del convento, le preguntó:

  • ¿Y tú quién eres?
  • A lo que el niño le responde con otra pregunta:
  • ¿Y quién eres tú?
  • La santa religiosa le contestó:
  • —Yo soy Teresa de Jesús.
  • Y el niño, con una amplia y luminosa sonrisa, le dijo:
  • —Pues yo soy Jesús de Teresa.

Santa Teresa tuvo tal amor por el misterio de Dios encarnado como un pequeño y frágil infante que en todos los monasterios que fundó hizo colocar una imagen del Niño Jesús. Pero hay una de ellas, de 20 centímetros de altura, conocida como «El Lloroncito», la cual se encuentra en el convento de San José de Toledo, fundado por la santa.

De acuerdo con la tradición carmelitana, el 8 de junio de 1580, cuando se despedía santa Teresa de sus religiosas de Toledo para dirigirse a Segovia, en un momento en que todas presentían que ésa podría ser la última visita que recibirían de su santa fundadora —efectivamente, santa Teresa falleció dos años más tarde, sin tener oportunidad de ir de nuevo a verlas—, la imagen del Niño Jesús se asoció al dolor de las monjas derramando lágrimas al despedirse la Santa de su querido convento de Toledo. Desde entonces las religiosas apodaron esta imagen con el cariñoso nombre de «El Lloroncito».

LA APARICIÓN DE SAN JOSÉ

Uno de los santos por los que más devoción tenía santa Teresa de Ávila fue san José. Ella escribió: «Querría yo persuadir a todos fuesen muy devotos de este glorioso Santo, por la experiencia que tengo de los bienes que alcanza de Dios».

Cuando tenía 27 años enfermó al grado de no poder caminar ya, y su único modo de desplazarse era arrastrándose por el suelo. La ciencia médica no pudo hacer ya nada por ella, y la Santa se encomendó a san José: «Tomé por abogado y señor al glorioso san José, y encomendéme mucho a él…, y él hizo, como quien es, que pudiese levantarme y andar y no estar tullida».

Además san José se le llegó a aparecer, y le prometió apoyo celestial para sus fundaciones, incluso de tipo económico ya que ella, desde luego, no tenía ningún dinero.

Así, Teresa de Jesús pudo decir: «No me acuerdo hasta ahora haberle suplicado cosa que la haya dejado de hacer».

Pero no sólo san José se le apareció, sino que a lo largo de su vida también lo hizo Jesucristo —en la primera de sus apariciones lo vio a Él—, el Espíritu Santo, la Trinidad, la Virgen María, santa Clara, san Pedro y san Pablo, san Pedro de Alcántara, e igualmente su hermana María y dos sacerdotes después de fallecidos. Además, tuvo apariciones de ángeles, pero también de demonios.

UNA HERIDA FÍSICA EN SU CORAZÓN

Teresa experimentó una conversión profunda y definitiva a Cristo a los 40 años de edad, cuando ya tenía muchos años en el convento carmelita de la Encarnación.

A raíz de esto, comenzó a avanzar a pasos agigantados hacia la santidad. Y un día, en uno de los éxtasis en la oración, sucedió lo siguiente:

«Vi un ángel que venía del trono de Dios, con una espada de oro que ardía al rojo vivo como una brasa encendida, y clavó esa espada en mi corazón. Desde ese momento sentí en mi alma el más grande amor a Dios»

Desde entonces para ella ya no volvió a existir otro motivo para existir que no fuera Dios.

Después a la Santa, dentro de su proceso de beatificación y canonización se le hizo una autopsia a su cadáver, y se descubrió que su corazón tenía una cicatriz larga y profunda, es decir, coincidente con la acción sobrenatural del ángel descrito por ella.

AMIGA DE SANTOS

Para crecer en la amistad con Dios hay que valerse de todos los medios, entre ellos hacer amistad con los amigos de Dios, y eso lo practicó santa Teresa, allegándose a almas buenas.

Entre los amigos santos con los que convivió figuran:

  • San Pedro de Alcántara, fundador de una rama franciscana que practicara la mortificación, y que ayudó a santa Teresa en sus fundaciones.
  • San Juan de la Cruz, convencido por santa Teresa para realizar la reforma de los monjes carmelitas hacia una vida más espiritual.

VOLANDO POR EL AIRE

La levitación es un fenómeno místico que han experimentado algunos santos, como san José de Cupertino, san Juan de la Cruz, san Pedro de Alcántara, san Alfonso María de Ligorio y san Martín de Porres, entre otros. Está asociado a la oración más profunda, y también santa Teresa llegó a experimentar esa clase de episodios sobrenaturales durante sus éxtasis sobrenaturales:

«Me parecía —escribió—, cuando intentaba resistirme, como si una gran fuerza bajo mis pies me levantara». Y efectivamente era elevada por el aire. Tan frecuentes llegaron a ser sus levitaciones que rogaba a sus hermanas de congregación que la sujetaran cuando presentía que iba a volar durante la oración; pero un día levantó también con ella a una monja que intentaba ayudarla a bajar.

SIN MIEDO A LOS DEMONIOS

La primera vez que un demonio se le apareció a santa Teresa y la amenazó, ella intentó espantarlo con la señal de la cruz, pero regresaba; y fue hasta que echó agua bendita que éste se alejó. Pero tendría en su vida otros encuentros, como cuando un demonio estuvo atormentándola por cinco horas «con tan terribles dolores y desasosiego interior y exterior».

Finalmente ella les perdió el miedo: «Pues si este Señor [Jesucristo] es poderoso, como veo que lo es y sé que lo es…, siendo yo sierva de este Señor y Rey, ¿qué mal me pueden ellos hacer a mí? ».

Desde entonces «no les he habido más casi miedo, antes me parecía ellos me le habían a mí. Me quedó un señorío contra ellos, bien dado del Señor de todos, que no se me da más de ellos que de moscas. Me parecen tan cobardes que, en viendo que los tienen en poco, no les queda fuerza».

TEMA DE LA SEMANA: TERESA LA GRANDE: ACERCAR EL CIELO

Publicado en la edición impresa de El Observador del 6 de octubre de 2019 No.1264