Seguramente más de alguno se ha preguntado: «¿Qué puedo regalarle al Niño Jesús por Navidad?». La respuesta de Él sería algo así: «Regala comida y ropa a los pobres; visita a los enfermos, a los presos y a los que están solos, y Yo lo contaré como si Me lo hubieras hecho personalmente» (cfr. Mt. 25,34-40).

Otras cosas que se pueden hacer es acudir al sacramento de la Confesión para reconciliarse con el Niño y, desde luego, recibirlo en la Eucaristía.

Pero hay algo más que, sumado a todo lo anterior, se convierte en el mejor de los regalos, algo que todo cristiano tiene la posibilidad de obsequiarle al Niño Jesús: ¡almas, muchas almas!

Puede parecer una locura: «¿Cómo es posible que yo, un simple mortal, pueda regalarle muchas almas a Dios, cuando a veces no soy capaz ni de renunciar a mi propia alma para ofrecérsela a Él?». Pues bien, eso es posible porque el propio Señor así lo dispuso. El 16 de diciembre de 1935 se manifestó a la monja clarisa capuchina Consolata Bertrone (en proceso de beatificación).:

«Dí a las almas que prefiero un acto de amor a cualquier otro don que puedan ofrecerme (…). Tengo sed de amor».

Y además le reveló exactamente cómo puede hacerse el acto de amor que Él tanto desea:

Le pidió que rezara la brevísima jaculatoria «Jesús, María, os amo, salvad las almas».

Además Jesús prometió que, por cada vez que se haga este acto de amor, se salvará el alma de un pecador y se reparará por mil blasfemias:

«Recuerda que un acto de amor decide la salvación eterna de un alma y vale como reparación de mil blasfemias. Sólo en el Cielo conocerás su valor y fecundidad para salvar almas».

Y la apremió: «No pierdas tiempo, todo acto de amor es un alma»;
y también:

«La renovación de este acto debe ser frecuente, incesante: día por día, hora por hora, minuto por minuto».

Así, por ejemplo, si se toma el rosario y a cada cuenta se reza «Jesús, María, os amo, salvad las almas», en apenas cuatro o cinco minutos se habrá contribuido en en la salvación de 55 almas de pecadores y se habrá reparado por 55 mil blasfemias. Pero como ni siquiera en necesario tener un rosario, en cualquier momento y lugar hay que repetir el acto de amor.

¡Cuánta alegría puede dársele al Niño Jesús rescatando almas todo el año, pero muy especialmente en el día de su cumpleaños!

D. R. G. B.

TEMA DE LA SEMANA: LA NOCHE MÁS BELLA

Publicado en la edición impresa de El Observador del 22 de diciembre de 2019 No.1276