Así como se preparan las fiestas de cumpleaños de los hijos, igualmente la fiesta de cumpleaños más importante, la del Rey de Reyes y Señor de Señores, requiere dedicación y un tiempo llamado Adviento.

Realizar acciones de ayuda en favor de los más necesitados es, desde luego, un importante factor de preparación (cfr. Lc 3, 10-11). Pero sin el componente espiritual todo queda reducido a mera beneficencia o filantropía. Y no hace ninguna falta creer y amar a Dios para ser un filántropo.

No te quedes en la filantropía, haz caridad

La palabra filantropía, de origen griego, hace referencia al amor por el género humano. La caridad también supone amor por la humanidad. Y en ambos caos no se espera nada a cambio; es decir, son gratuitas. Sin embargo, mientras la filantropía tiene sus motivaciones en la esfera de lo humano, la caridad tiene como motivo el amor a Dios.

Como dice el Catecismo de la Iglesia Católica, «la caridad es la virtud teologal por la cual amamos a Dios sobre todas las cosas por Él mismo, y a nuestro prójimo como a nosotros mismos por amor de Dios» (n. 1822).

Y las Sagradas Escrituras enseñan: «Aunque repartiera todos mis bienes…, si no tengo caridad, nada me aprovecha» (I Co 13, 3).

El defecto de la filantropía es que es una acción horizontal. La caridad, por el contrario, lanza a quien la practica hacia al encuentro de Dios y de los demás como ninguna otra virtud pues, regresando al Catecismo, «la caridad es superior a todas las virtudes» (n.1826).

Hacer caridad y no filantropía implica, pues, una acción de carácter espiritual aun en medio de lo material.

Pero hay otras cosas que debe hacer cualquiera que realmente quiera prepararse a la fiesta de la Natividad del Señor; entre ellas:

 Hacer MÁS oración

Quien no tenga la costumbre de orar, puede hacerse el propósito de dedicarle al principio cinco minutos diarios cada día del Adviento.

Quienes sí oran con regularidad, querrán, por lógica, aumentar su oración en este tiempo litúrgico; y una solución es levantarse todos los días diez minutos antes de lo habitual y usarlos para orar.

Orar es hablar con Dios. Por eso, si bien se puede leer algún esquema de oraciones, o rezar con las ya memorizadas, también se le puede decir a Dios aquello que nazca del corazón. Si no se le ocurre a uno nada, se puede repetir desde lo más profundo del corazón frases parecidas a éstas: «Ven, Señor Jesús. No tardes, Te necesito»; «Divino Niño Jesús, ven a nacer en mi corazón para desterrar de él al pecado»; etc.

También se recomienda orar en familia todos los días, o al menos los domingos, en torno a la corona de Adviento, si se cuenta con ésta. Para ello se puede seguir cualquier esquema de oraciones que proporcionan las parroquias,

Hacer silencio

El tiempo de Adviento se ha convertido en uno de los más ruidosos de todos, con sus fiestas, bailes, música interminable en los centros comerciales, charlas constantes, etc. Por eso es urgente algo de silencio diario para así poder escuchar la suave voz de Dios. Sólo en el silencio se puede esperar esto que dijo el joven Samuel: «Habla, Señor, que tu siervo escucha» (I Samuel 3, 10).

Hay que apartar cada día al menos cinco o diez minutos para estar, en silencio real, ante la presencia de Dios, dándole la oportunidad de hablar e inspirar acciones.

Confesarse

La mejor forma de prepararse al nacimiento de Jesús es el sacramento de la Confesión, precisamente porque el Señor se encarnó para librar al hombre de la esclavitud del pecado. Resistirse a la reconciliación con Dios por medio del sacramento que Él mismo instituyó es una forma de rechazar la venida de Jesucristo.

Una Navidad sin confesión sacramental y sin comunión eucarística suele ser consecuencia de no haber vivido de manera adecuada el tiempo del Adviento.

Otros

Hay más cosas que se pueden hacer como parte de la preparación espiritual del Adviento. Aquí hay algunas ideas.

  • Ayunar. Aunque sea un sólo día de ayuno en todo este tiempo litúrgico, o bien un ayuno por semana. Los días viernes son el día por excelencia para ayunar, pero puede ser en cualquier otro día.
  • Visitar a Jesús en el Sagrario. Si no hay tiempo entre semana, al menos los domingos, antes o después de Misa, dedicar aunque sea unos minutos para adorar a Cristo en el templo.
  • Devoción a la Virgen María. Ella es la que mejor sabe cómo esperar a Jesús. Rezar el Rosario o dirigirle cualquier otra oración es un modo de amarla y de estar con Ella.
  • Poner el Nacimiento. De todos los adornos relativos a la Navidad, éste es el más claramente alusivo a la venida de Jesucristo, y es precisamente por ello que muchos hoy ya no lo colocan. Hacer un esfuerzo por dar prioridad al Nacimiento por encima del árbol navideño, a pesar del significado cristiano oculto que éste último puede encerrar, es un modo de dar testimonio abierto de fe en Jesús. Por lo mismo, convendría eliminar de los ornamentos de la temporada de Adviento y Navidad aquello que diluya o compita con la fiesta del Nacimiento de Cristo, como pueden ser los santacloses y los renos, o aquellos elementos que celebran, como hacen los paganos, el solsticio de invierno.

Redacción

TEMA DE LA SEMANA: DONDE NACE LA ESPERANZA

Publicado en la edición impresa de El Observador del 1 de diciembre de 2019 No.1273