La práctica del ayuno intencional ha existido desde tiempos inmemoriales. Casi todas las religiones lo tienen.

El ayuno está estipulado como precepto obligatorio para los israelitas desde el Antiguo Testamento; y también el cristianismo lo ha practicado, si bien con el paso de los siglos se ha mitigado de manera que sólo quedan dos días de ayuno de precepto: el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo, y ni eso es practicado por muchos bautizados, que pretextan los más variados motivos:

«Yo ya no ayuno porque, cuando éramos muy pobres, en mi familia ayunamos de más»; «Prefiero ayunar de chismes y malas palabras»; «Los que ayunan son hipócritas que se creen mejores que los demás, y no quiero ser como ellos»; etc.

Ciertamente no toda persona está en condiciones de ayunar; por ejemplo, los diabéticos, los epilépticos y otros tipos de enfermos; los que realizan trabajos físicos muy demandantes (albañiles, cargadores, etc.); las mujeres embarazadas, los adultos mayores y los niños, etc. Pero otros muchos sí podrían ayunar.

«Terapia» para encontrar la voluntad de Dios

Hay un mandato dado por Dios al hombre para que someta y cuide la creación (cfr. Gn 1, 26 y 2, 15). Por tanto, cuidar el medio ambiente es, sin duda, algo bueno. Sin embargo, hay que aclarar que el ayuno ecologista y el ayuno cristiano son distintos.

De hecho, cada clase de ayuno tiene objetivos muy diversos:

  • Entre los hindúes, el upavasa (ayuno), que hacen los sadhu (ascetas) busca «purificar el alma»; existe un ayuno del lunes para agradar al dios Shiva, y de los sábados para alabar al dios Hanuman; en la fiesta Karwa Chauth hay un ayuno obligatorio para todas las mujeres casadas a fin de conseguir de los dioses Shiva y Parvati «una larga vida y bienestar para sus maridos».
  • Para el budismo mahayana el ayuno tiene como finalidad «purificarse del karma negativo».
  • El ayuno obligatorio islámico, que se practica todo el mes del Ramadán no comiendo nada desde la salida hasta la puesta del sol, tiene como objetivo final lograr el placer de Alá, regulando la vida de los musulmanes de acuerdo con las enseñanzas de Mahoma.
  • En el judaísmo el ayuno es penitencia por los pecados cometidos, para establecer comunión con Dios y buscar Su misericordia. Se puede ayunar en beneficio propio, pero también por los demás.
  • En el cristianismo el ayuno tiene los mismos objetivos que en el judaísmo, pero con una comprensión aún más profunda. Explica Benedicto XVI: «El verdadero ayuno…tiene como finalidad comer el ‘alimento verdadero’, que es hacer la voluntad del Padre (cfr. Jn 4,34)».

El ayuno, continúa, es «una ‘terapia’ para curar todo lo que impide conformarse a la voluntad de Dios», pues ayuda «a mortificar nuestro egoísmo y a abrir el corazón al amor de Dios y del prójimo». El ayuno contribuye «a dar unidad a la persona, cuerpo y alma, ayudándola a evitar el pecado y a acrecer la intimidad con el Señor».

(D.R.G.B.)

TEMA DE LA SEMANA: Cuaresma 2020: vaciarnos de mundanidad

Publicado en la edición impresa de El Observador del 23 de febrero de 2020 No.1284