En las Escrituras dice el Señor: «¿No saben cuál es el ayuno que me agrada? Romper las cadenas injustas, desatar las amarras del yugo, dejar libres a los oprimidos y romper toda clase de yugo. Compartirás tu pan con el hambriento, los pobres sin techo entrarán a tu casa, vestirás al que veas desnudo y no volverás la espalda a tu hermano» (Isaías 58, 6-7).

Algunos concluyen entonces que ayunar no es necesariamente dejar de comer: «Se puede ayunar en otras formas: de malos pensamientos, de malas palabras, de decir mentiras», etc. Esta idea se ha generalizado, y sólo ha servido para que la gente cada vez practique menos el ayuno, el de comida, el que Jesucristo practicó y pidió y enseñó a sus discípulos.

Cuando Dios habla del ayuno a través de Isaías, no está diciendo que se sustituya el no comer por otra cosa, sino que debe cambiar la actitud desviada con la que muchos ayunan: «En los días de ayuno ustedes se dedican a sus negocios y obligan a trabajar a sus obreros. Ustedes ayunan entre peleas y contiendas, y golpean con maldad. No es con esta clase de ayunos que lograrán que se escuchen sus voces allá arriba» (Is 58, 3-4).

LA CONFUSIÓN

Literalmente ayunar significa no comer nada, pues ayuno proviene del latín ieiunum, que significa «vacío». Así, desayunar significa «romper el ayuno».

Abstinencia es la acción de abstenerse o privarse de una cosa. Por tanto, el ayuno es, sin duda, una forma de abstinencia; pero no toda abstinencia es ayuno.

La Iglesia enseña desde hace dos mil años que el ayuno cristiano radica en abstenerse voluntariamente de algo que, lejos de ser malo, es algo muy bueno —el alimento—, pero ello con miras a alcanzar un bien mayor.

Como las malas palabras, las mentiras o los malos pensamientos no son algo bueno, dejar de practicarlos se convierte en un acto de abstinencia, pero no de ayuno. Y el que, como sacrificio, se aparta de cosas que no son malas en sí, como la carne, el internet o la televisión, hace bien; pero no está ayunando sino practicando otra forma de abstinencia.

(D.R.G.B.)

TEMA DE LA SEMANA: Cuaresma 2020: vaciarnos de mundanidad

Publicado en la edición impresa de El Observador del 23 de febrero de 2020 No.1284