La humanidad está viviendo hoy una de sus más complejas pruebas, porque ninguna persona, sin importar su nacionalidad, su sexo, su raza, su religión, su edad o su posición social o económica, está quedando a salvo de los embates de la epidemia del COVID-19.

Aunque la gran mayoría vaya a sobrevivir a la enfermedad, los efectos universales son enormes, y lo seguirán siendo por mucho tiempo. Es que, con la globalización imperante, una nación no puede permanecer indemne si otra u otras fracasan.

Y desde todos los países del mundo, millones se preguntan sobre el futuro: ¿cuánto tiempo permanecerá todo paralizado?, ¿quebrará mi empresa?, ¿perderé mi empleo?, ¿de qué viviremos?, ¿mis hijos podrán terminar sus estudios?, etc.

También hay preocupaciones sobre el presente, entre ellas: ¿cómo podremos soportar un mes o más de confinamiento domiciliario en nuestras viviendas tan pequeñas?, ¿cómo hacer rendir nuestras provisiones?, etcétera.

De algún modo, parece que la familia es el «problema», una agrupación a la que hay que mantener, cuidar, educar y alimentar sin importar las circunstancias. Sin embargo, en el plan de Dios, la familia más bien es la solución. La familia es el gran invento divino: Dios mismo es Familia: —Padre, Hijo y Espíritu Santo—, y cuando el Hijo se hizo hombre vivió en familia.

Es mediante los vínculos familiares que la humanidad ha sobrevivido a las adversidades, pues es el lugar por excelencia donde se vive la solidaridad, el amor y el consuelo.

A pesar de la tragedia que implica la actual pandemia, es verdad irrefutable que «en todas las cosas interviene Dios para bien de los que Le aman»(Romanos 8, 28); luego entonces, al permitir que ocurriera esta emergencia sanitaria, Dios estaba contemplando cosas buenas que se pueden sacar.

Decía santa Teresa de Calcuta: «El mundo sufre porque no hay tiempo para los hijos, no hay tiempo para los esposos, no hay tiempo para disfrutar la compañía de otros».

Pues bien, el confinamiento domiciliario es una ocasión única e irrepetible para convivir, compartir y crecer juntos en santidad, aunque eso signifique para muchos un esfuerzo; pero es que nada que valga la pena es fácil.

Y será la familia la que ayudará a superar pérdidas, carencias y desesperanzas, a pesar de todo lo que pueda ocurrir en las siguientes semanas, meses o años.

TEMA DE LA SEMANA: LA FAMILIA, EL MEJOR RECURSO CONTRA LA ADVERSIDAD

Publicado en la edición semanal digital de El Observador del 29 de marzo de 2020 No.1290