Afectan el culto al verdadero Dios.

Por Modesto Lule MSP

La palabra superstición viene del latín superstitio, superstitionis y se refiere a todo lo que está por encima de lo establecido, que persiste o pervive en la mente como elemento sobreañadido. Su significado abarca las observaciones demasiado escrupulosas de la realidad.

Es decir, que es aquello que creemos o suponemos a partir de una realidad y que, en algunos casos, distorsionamos o imaginamos a nuestra manera. En la religión cristiana, y más específicamente en la Iglesia católica, por falta de evangelización, hay muchas supersticiones religiosas que debemos erradicar con el anuncio de la Buena Nueva y catequizando.

El Catecismo de la Iglesia, en su número 2111, dice: “La superstición es la desviación del sentimiento religioso y de las prácticas que impone. Puede afectar también al culto que damos al verdadero Dios; por ejemplo, cuando se atribuye una importancia, de algún modo mágica, a ciertas prácticas, por otra parte, legítimas o necesarias. Atribuir su eficacia a la sola materialidad de las oraciones o de los signos sacramentales, prescindiendo de las disposiciones interiores que exigen, es caer en la superstición (cf Mt 23, 16-22)”.

En un programa de radio que tenemos, pedimos que las personas nos compartieran esas prácticas religiosas en las que se había participado o las que regularmente ven en sus lugares de origen.

Algunas de estas prácticas que rayan en la superstición son estas:

  • Hola, Padre: cuando yo era niña, si veíamos un remolino de viento y tierra, mi abuelita nos decía que lo persignáramos y dijéramos: “Cruz, cruz, que se vaya el diablo y venga el niño Jesús”.
  • Padre: yo pienso que muchas veces pensamos que, al tocar las imágenes de santos, se nos va a pegar un poder o una fuerza para alcanzar un bien o quitarnos lo malo que pensamos tener.
  • Padre: una superstición, creo yo, es la de agarrar el sombrero del papá y hacer cruces a las nubes grises en el cielo para que no llueva cuando amenazaba llover, y la gente no quería que lloviera porque querían recoger las cosechas. O ponían una cruz de sal en el piso para que dejara de llover, si ya había comenzado. Eso hacía la gente en mi rancho.
  • Yo creo que una superstición es poner veladoras a los santos, como si fuera un intercambio, para que les hagan milagros sin orar pidiendo su intercesión.
  • Una superstición clásica, creo yo, padre, es traer un rosario bendito en el carro para no tener accidentes o para que no les pare la policía porque no traen licencia o asegurado el carro.
  • Algunas personas en sus negocios colocan una imagen de san Martín caballero junto con una penca de maguey y una herradura con un listón rojo, que para tener buena suerte y tener muchas ventas.
  • Padre: mi mamá dizque curaba pasando un huevo por el cuerpo de una persona enferma y rezando el credo.

Debemos trabajar en lo particular, con cada uno de los casos que se exponen a la superstición, para iluminarlos con la palabra de Dios y con la sana doctrina. Este tema es una exposición de lo que muchos podemos conocer y que podemos corregir como miembros activos de la Iglesia por medio del Bautismo.

Publicado en la edición semanal digital de El Observador del 17 de mayo de 2020. No. 1297