A lo largo de los siglos ha habido un inmenso elenco de grandes científicos que han practicado la fe, lo que atestigua la absoluta compatibilidad de ésta con la ciencia. Los ha habido expertos en matemáticas, física, biología, química, etc.; entre ellos Marconi, Lavoisier, Ampere o Lamarck, pasando por Copérnico o Kepler, por mencionar apenas a unos cuantos. Mientras que la ciencia se ocupa de responder el cómo, la religión se centra en el significado y finalidad de lo que existe, es decir, responde al por qué y al para qué.

En varios momentos de la historia han surgido voces que claman por el final del pensamiento religioso, ya que éste sería superado por el materialismo científico. Pero éstas no surgen realmente de la ciencia sino de meras ideologías de carácter ateo.

Ahí está, por ejemplo, la rebelión ocurrida en enero de 2008 en la Universidad La Sapienza, de Roma, ante la perspectiva de la visita de Benedicto XVI; 67 docentes presuntamente “intelectuales” incitaron a los alumnos para que lanzaran una “semana anticlerical” y se opusieran a la presencia papal bajo el argumento de que el pontífice era “enemigo de la ciencia”, mientras que firmaron una carta donde decían que “en nombre del laicismo de la ciencia y de la cultura, y en el respeto de nuestro ateneo, abierto a docentes y estudiantes de todos los credos e ideologías, auspiciamos que este evento incongruente pueda ser anulado”.

Pero la verdadera incongruencia fue que un espacio en teoría abierto a todos los credos mostrara tanto miedo al diálogo entre la fe y la razón. Por cierto, esa universidad fue fundada en 1303 por un Papa.

TEMA DE LA SEMANA: LA SALVACIÓN POR LA CIENCIA O LA FE: ¿UNA DISYUNTIVA FALSA EN ÉPOCAS DE CATÁSTROFE?

Publicado en la edición semanal digital de El Observador del 14 de junio de 2020. No. 1301