El cristiano siempre debe estar preparado para el encuentro con el Señor, sin importar las circunstancias. Pero más todavía en tiempos como éstos, en que el covid puede llevarnos a la tumba, lo mismo cualquier otro mal, ya que la atención de los otras enfermedades esta muy limitada por causa de la pandemia.

A continuación tomamos algunas ideas del libro “La contrición perfecta, la llave de oro del Paraíso”, de J. von den Diresch, para ayudar a alcanzar la contrición perfecta.

 ¿CÓMO IR DE LO NATURAL A LO SOBRENATURAL?

  • “Para que la contrición sea real es necesario que sea interior, que salga de las profundidades del corazón; no debe ser entonces una simple fórmula usada sin reflexión. Tampoco es necesario mostrarla con suspiros o lágrimas, etc. Todas estas muestras pueden ser una señal, pero no son la esencia de la contrición. Ésta reside en el alma y en la voluntad determinada a apartarse del pecado y volver a Dios”.
  • “Aparte de esto, la contrición debe ser universal, es decir, debe extenderse a todos los pecados cometidos”.
  • “Y, finalmente, debe ser sobrenatural y no meramente natural, porque entonces no serviría. Sólo la Gracia de Dios puede causarla en nosotros. Sin embargo, Dios siempre nos concede la Gracia necesaria con tal de que se la pidamos.
  • “Si nuestro arrepentimiento se basa en motivos de interés, o sigue un motivo puramente natural (por ejemplo, males temporales, vergüenza o enfermedad) sólo tendremos contrición natural: sin méritos. Pero si está basado en alguna verdad de la fe (por ejemplo, el Infierno, el Purgatorio, el Cielo, Dios mismo, etc.), entonces verdaderamente poseeremos una contrición sobrenatural”.

¿Y CÓMO SE LLEGA A LA CONTRICIÓN PERFECTA?

  • “La contrición perfecta es la que dimana del amor perfecto de Dios. Ahora bien, nuestro amor a Dios es perfecto si le amamos por ser Él infinitamente perfecto, infinitamente hermoso e infinitamente bueno (amor de benevolencia) o porque Él nos ha mostrado su amor de un modo tan admirable (amor de gratitud). Nuestro amor de Dios es imperfecto si le amamos porque esperamos algo de Él (amor de concupiscencia)”.
  • “El amor imperfecto nos hace amar preferentemente el favor mismo, mientras que el amor perfecto nos hace amar al Autor de esos favores, y antes que por sus dones más bien por el amor y la bondad que esos dones manifiestan”.

¿CUANDO Y CÓMO  HACER EL ACTO DE CONTRICIÓN PERFECTA?

  • “No dejes pasar una noche sin hacer un acto de contrición junto con tus oraciones. No digas: ‘No tengo tiempo’ o ‘en la noche estoy demasiado cansado’. ¿Cuánto tiempo necesitas? ¿Media hora? ¿Quince minutos? No, pocos minutos bastarán.
  • “Después de rezar, piensa en tus faltas y los pecados del día y recita lenta y fervorosamente, a los pies del crucifijo, el acto de contrición. Empieza esta noche, y no te arrepentirás”.
  • “Si tuvieres la desgracia de cometer un pecado mortal, no te quedes en ese estado. Levántate por medio de la contrición perfecta”.
  • “Arrójate a los pies de un crucifijo, sea en la iglesia o en tu habitación, donde te imagines en la presencia de Jesús crucificado, y, a la vista de sus heridas, medita con devoción por unos momentos, y dí para ti mismo: ‘¿Quién es, pues, el que está clavado en la Cruz? Es Jesús, mi Dios y mi Salvador. ¿Qué es lo que sufre? Su cuerpo desgarrado cubierto de heridas muestra los tormentos más terribles. Su alma está inundada de penas e insultos. ¿Por qué sufre? Por los pecados de los hombres y también por los míos. En medio de su amargura, Él se acuerda de mí, sufre por mí, quiere expiar mis pecados’”.
  • “Detente aquí, mientras la cálida sangre de tu Salvador cae gota a gota en tu alma. Pregúntate cómo has respondido a las muestras de ternura de tan amable Salvador. Recuerda tus pecados, y, olvidándote por un momento del Cielo y del Infierno, arrepiéntete especialmente porque tus pecados han sido los que redujeron a tu Salvador a tal estado”.
  • “Prométele que no lo enclavarás nunca más en la Cruz por un nuevo pecado, y finalmente recita, lentamente y con fervor, un acto de contrición”.
  • “El acto de contrición puede ser expresado de muchas maneras, conforme a los sentimientos de cada penitente”.

UN EJEMPLO FINAL PARA ENTENDER LA CONTRICIÓN PERFECTA

Cuando San Pedro negó a nuestro Salvador, ‘salió afuera y lloró amargamente’.

¿Por qué lloró? ¿Fue por la vergüenza que pasaría ante los otros apóstoles? En tal caso habría sido una pena natural y sin mérito. ¿Acaso sería porque el Divino Maestro lo despojará de su dignidad como Apóstol y Pastor Supremo, o lo apartará de su Reino? En este caso la contrición sería buena, pero imperfecta.

¡Ciertamente no fue así! Se arrepintió, lloró por haber ofendido a su amado Señor, tan bueno, tan santo, tan digno de ser amado. El lloró porque respondió a tan inmenso amor con una negra ingratitud, y eso es contrición perfecta.

TEMA DE LA SEMANA: PERDÓN SIN SACERDOTE?: LA CONTRICIÓN PERFECTA

Publicado en la edición semanal digital de El Observador del 7 de junio de 2020. No. 1300