Un diálogo con el creador para llenar tu vida espiritual.

Por Mary Velázquez Dorantes

Hoy estamos buscando rehacernos de nuevo, encontrar fuerzas que nos ayuden a enfrentar los momentos de adversidad, y quizás estamos también buscando las formas de conectarnos con Dios, de estar atentos a Él. El corazón está hecho para hablar con Dios, y si por alguna situación sientes que no sabes cómo hacerlo o crees que estás en un error, en esta edición de El Observador te damos algunos consejos para orar y llenar tu vida espiritual de un diálogo con el Creador.

ORAR CON LOS SALMOS

Seguramente tienes una Biblia en casa, la mejor herramienta de todo cristiano para orar. Antes de iniciar tu jornada o al finalizar la misma puedes recurrir a ella, en la sección de los Salmos, y encomendar tu oración al Padre eligiendo un Salmo; léelo en voz alta, si puedes, o medita de forma silenciosa lo que estás leyendo, concentra tu atención en el lenguaje que se utiliza, identifica si es de alabanza, gratitud, perdón o súplica. Piensa por un momento lo que se te está diciendo, imagina que tu mente, corazón y ser están hablando con Dios a través de los Salmos.

UTILIZA LAS NOVENAS

Si te sientes perdido y no sabes cómo empezar esa charla con Dios, recurre a las novenas. Busca una oración especial para que durante nueve días consecutivos platiques con Dios.

Puedes iniciar con novenas al Espíritu Santo, a la Inmaculada Concepción, a los Santos, a la Divina Providencia, de tal modo que tengas un momento para agradecer, solicitar o simplemente aproximarte con la novena a Dios. Durante los nueve días puedes experimentar el silencio, la meditación o la reflexión que la novena incluye.

Es un momento de oración que nos ayuda a estar concentrados en la paz de la oración. Busca un lugar calmado, sin ruidos tecnológicos, y reflexiona cada día lo que la novena dice. También puedes usar la novena como un vehículo de intercesión por tu familia, tus amigos, tu trabajo, tus familiares difuntos.

AYUDA MARIANA

Si te sientes necesitado de ayuda invoca a la Virgen; puede ser con una Avemaría o una Salve. Pide la ayuda de la Madre de Cristo, habla con ella, pídele un abrazo de mamá. Ella vela como una gran amiga, como una colega. Medita con ella sus siete dolores como Madre de Jesús, reza el Magnificat o inicia tu oración con el Rosario, y poco a poco verás la asistencia mariana. Conversa con ella para que te oriente y te acerque a su Hijo.

SILENCIO Y MEDITACIÓN

Busca un lugar calmado y simplemente guarda silencio. Trata de conectar con Dios; te puede ayudar un pasaje de la Biblia o una oración pequeña. Medita de forma silenciosa e imagina lo que se te dice. Observa tu silencio con fe, invita a tus emociones a ser participes de ese silencio, busca la calma y la quietud, siente cómo Dios te observa y tú lo observas a Él.

Así de sencillo, en silencio, con el corazón abierto, con la mente quieta, pon en manos de Dios todo aquello que piensas, imaginas, reflexionas; concentra todo tu ser en unos minutos de silencio, y abre los oídos de tu corazón.

Publicado en la edición semanal digital de El Observador del 7 de junio de 2020. No. 1300