Por Sergio Estrada

Ante la falta de actividades religiosas de la Iglesia católica, causada por la pandemia del covid-19, lo que más hace falta al alma en estos momentos es encontrarse con ese manantial de agua que nunca se acaba y que sacia a todos, que es el Señor Jesús. La situación desértica que estamos experimentando se debe saciar con una Iglesia misionera que vaya en busca de todos aquellos que han quedado en la incertidumbre.

“Hoy no son tiempos de excusas ante la necesidad de formar una Iglesia misionera que lleve el Evangelio a todas partes. Se requiere el compromiso de laicos y religiosos para cumplir con su tarea misionera”, señaló el arzobispo de Durango, monseñor Faustino Armendáriz.

Así como lo destaca el obispo duranguense, la necesidad en este momento es que la madre Iglesia vaya en busca de sus hijos y trabajar con ellos en la misión que es llevar la palabra de Dios. Estos momentos no son tiempo de evasivas, sino de compromisos, teniendo que aterrizar en los hechos.

Frente a la situación que nos afecta a todos, la labor es el ayuno y la oración para que Dios, en su inmensa misericordia, ayude al enfermo, al que no tiene nada, al desempleado, y ayude a todos como necesitados dándoles certidumbre, alegrando el espíritu y el corazón de toda creatura, desarrollando esa fuerza espiritual a través de la misión.

Monseñor Armendáriz subrayó que frente a esta situación, la convocatoria está abierta a todos los católicos bautizados para que sean misioneros y no seguir de brazos cruzados, porque el proyecto de Jesús debe compartirse teniendo a Cristo en el corazón.

Publicado en la edición semanal digital de El Observador del 21 de junio de 2020. No. 1302