Estrategias, publicidad, información falsa, mentiras que ponen en peligro nuestra fe.

Por Mary Velázquez Dorantes

¿Se ha preparado usted un batido con múltiples ingredientes porque desea absorber de un solo golpe todos los nutrientes?, ¿Se ha puesto a meditar, a realizar reiki, a curar piedras y a hacer oración cristiana al mismo tiempo para entrar en conexión divina? Si usted ha hecho algunas de estas opciones, lo que viene es un golpe de impacto: ¡estamos mal! Y esto es producto de una ola llamada posverdad, entendida como todo aquello que influye en nuestras emociones y creencias personales.

La posverdad tiene varios tentáculos que con el tiempo se han ido extendiendo en nuestras vidas, desde la divulgación de noticias falsas, hasta la canalización de la mentira. La autoayuda, la nueva espiritualidad, la meditación guiada, los ejercicios espirituales-chamanes, han tomado un nuevo enfoque, dejando a nuestro Dios en un segundo plano.

LO FALSO AL ALCANCE

Nadie nos habla de los peligros y las estrategias que utilizan los discursos de posverdad. Estamos frente a un escenario de falsedad, de rumores muy alejados del relato de la verdad. La publicidad, el “dataísmo”, los medios de comunicación contribuyen de manera productiva a vendernos la cura contra el aburrimiento, o la felicidad instantánea o el encuentro divino tras unos pasos simples. Nada más falso que todo aquello que prometen y nosotros “creemos”.

EL ARRAIGO DE LA MENTIRA

El ruido mediático impone la mentira y los consumidores nos dejamos guiar porque pareciera que estamos arraigados en el futuro que aún no llega, mientras el mundo ideal de la actualidad es de papel, o como el vaso donde estamos haciendo nuestro batido, le ponemos todo aquello que nos resulta atractivo y que para el momento real nos parece coherente e innovador.

UNA BURBUJA A PUNTO DE EXPLOTAR

Somos una sociedad enferma, dicen los psicólogos; una sociedad con altos indicadores de infelicidad y vacíos, una sociedad deprimida. Y esto es producto de una burbuja que está a punto de explotar. Nos enseñaron métodos, nos dieron información a la mitad, piadosamente se “preocuparon” por la humanidad, pero no le dijeron que todo aquello que los individuos conjugaran los iba a dejar más pérdidos y desolados. Nos perdimos en las constelaciones y vamos a terapia porque el Yo está perdido. Este es el fenómeno de posverdad del que nadie habla: nos imponen una moda tras otra, y la mentira de los discursos se apodera de los hogares, sin una forma lúcida o cercana a las verdades reales. Hay una relación sólida entre lo falso y el engaño pero nadie la cuestiona, hasta que la burbuja explota y no sabemos cómo repararnos.

Publicado en la edición semanal digital de El Observador del 14 de junio de 2020. No. 1301