Por Mary Velázquez Dorantes

El amor por encima de la dignidad de la persona, el amor con la coerción, el amor sin los otros y sólo para uno, el amor que duele y lastima, el amor con miedo, el amor con sensación de vacío. Estas y algunas otras características tiene el amor codependiente, el apego emocional idealizado y la sobre exigencia de un amor enfermo, casi perfecto, controlado y, en muchos de los casos, efímero.

El apego afectivo tiene una extraña fuerza en las relaciones emocionales. La obsesión es elemento clave de los afectos y de las ideas irracionales de que éste o cualquier vínculo afectivo nos “hará” felices eternamente.

UNA VIDA SIN MÍ

Nos preguntamos cómo es una persona que vive de apegos, o lo que en la ciencia de la psicología emocional se llama codependencia. Quizás tengamos ideas claras o algunos breves esbozos de quiénes son y cuáles son sus características. Lo cierto es que una persona que vive en el mundo de los apegos vive por y para alguien; puede ser su pareja, su jefe o algún familiar, tiene una entrega absoluta, rodeada de sumisión.

La admiración que profesa es hacia el otro; su autoestima está perdida y la idealización del otro es la esencia de su vida.

De acuerdo con los reportes de psicología global, son las mujeres quienes más padecen esta situación, mientras que los varones suelen sufrir aspectos relacionados con la posesividad y la dominación.

LIBRE DE LOS AFECTOS

Cuando el apego asfixia, muchos quieren salir huyendo. Sin embargo, no lo hacen por miedo a verse insensibles con el otro, o a mostrar desamor por la situación o las circunstancias.

Es, quizás, la idea más incorrecta que se nos ha dicho. Aprender a desapegarse no significa que no estamos amando, pero, como en toda adicción, cuesta mucho aprender a ser libre en nuestros afectos. La libertad de los afectos es el reto más grande que enfrentan las nuevas generaciones, porque el apego emocional es la nueva droga de este tiempo.

¡CUIDADO CON EL PLACER!

Nada más erróneo que la idea de una vida sustentada por el placer. Las personas que rechazan los momentos críticos, o que se muestran poco tolerantes con el dolor y los desafíos que éste proporciona son más susceptibles de vivir un apego emocional.

El rechazo a las pequeñas incomodidades, el fastidio y la negatividad por lidiar con algún problema, la creencia firme de una felicidad placentera, las exigencias modernas del tener y el poseer a toda costa, la mirada egocéntrica del individuo, están provocando que cada vez más se viva una codependencia emocional y estemos atados a los afectos negativos. Seguramente no queremos enfrentarnos a nuestras emociones; algunas serán dolorosas y preferimos darle la vuelta, esta es la trampa mortal del placer.

Publicado en la edición semanal digital de El Observador del 5 de julio de 2020. No. 1304