El pasado 17 de febrero dio inicio la Cuaresma con el Miércoles de Ceniza. Cuaresma viene del latín tardío quadragesima, que significa 40 días. En las Sagradas Escrituras el número 4 simboliza el universo material y, por lo mismo, la vida terrenal. Multiplicado por 10 significa un tiempo de purificación, o bien de pruebas o dificultades, el cual es permitido por Dios a fin de generar un cambio de vida:

  • El diluvio purificador duró 40 días y 40 noches (Génesis 7,12).
  • El pueblo de Israel pasó 40 años en éxodo por el desierto (Números 14,33);
  • Moisés estuvo 40 días y 40 noches en el monte Sinaí (Deuteronomio 9, 9-11).
  • El profeta Elías pasó 40 días y 40 noches en ayunas en el desierto caminando hasta el monte Horeb, donde se encontró con Dios (1Reyes 19,8).
  • Jonás anunció que Nínive sería destruida a los 40 días (Jonás 3,4), lo que llevó a toda la ciudad a la penitencia y a la conversión, por lo que Dios la perdonó.

En resumen, explicó Benedicto XVI en la audiencia del 22 de febrero de 2012, el 40 es “un número que expresa el tiempo de espera, de purificación, del regreso al Señor y de la conciencia de que Dios es fiel a sus promesas”.

Jesús mismo fue al desierto por 40 días y noches para ser tentado por el demonio (Mateo 4,2) y para prepararse al cambio de su vida privada a su vida pública. Y, precisamente, en el seguimiento de Cristo es que los miembros de su Iglesia buscan imitarlo mediante la práctica cuaresmal.

¿Y si ésta fuera tu última Cuaresma?

El año 2020 sorprendió a todos los cristianos teniendo que comenzar el confinamiento generalizado precisamente durante el tiempo de la Cuaresma, con los templos cerrados y sin la posibilidad de acceder a los sacramentos. Pero no por ello la Cuaresma desapareció, sólo cambió de escenario, por decirlo así.

Cuando Dios permite algo es porque, por muy malo que se vislumbre, Él saca algo bueno. En este caso, al permitir la pandemia y la orden de encierro, hizo que muchos salieran de la rutina y la comodidad y comenzaran a mirar verdaderamente hacia Él.

Para un cierto número de bautizados, la Cuaresma 2020 fue la última de su vida, pues la muerte los sorprendió al enfermarse gravemente por coronavirus. Habrá que preguntarse entonces: ¿Y si la Cuaresma 2021 fuera la última de mi vida, cómo me gustaría vivirla?

Para el resto de tu vida

No es que sólo en la Cuaresma sea posible arrepentirse de los pecados, hacer penitencia y vivir una conversión radical hacia Dios; pero sí es un tiempo litúrgico dedicado específicamente a ello. Por tanto, es necesario comprender que la Cuaresma es más que una costumbre; la Cuaresma es la Misericordia Divina permitiéndole a la criatura humana decidirse por la conversión definitiva para el resto de su vida.

La Cuaresma es para que cada uno recapacite en su existencia y sus obras, y tome el firme propósito de vivir en Dios y para Dios, y continuar viviendo constantemente esa plena decisión, cada momento de la vida y en cada situación, sin temor sino en expiación.

No la aligeres

La práctica de la Cuaresma se basa en tres pilares fundamentales: la oración, el ayuno y la limosna o caridad. Sin embargo, desde hace medio siglo la práctica penitencial de la Cuaresma ha sido cada vez más aligerada en occidente; muchos hoy prefieren “actualizarla”, de manera que se conforman con “ayunar” de decir malas palabras, de ver pornografía, etc., cuando ése no es el verdadero ayuno; o se resisten a la oración prolongada, so pretexto de que una palabra certera que toca el corazón basta para conectar con Dios.

Ahora bien, si tales cosas fueran suficientes, el Señor no habría dado el ejemplo y la orden a los suyos de orar en todo tiempo y de ayunar. Por tanto, no busquemos aligerar la Cuaresma; al contrario, tratemos de dar lo máximo.

TEMA DE LA SEMANA: “CUARESMA CON LA CRUZ DE FONDO”

Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 21 de febrero de 2021 No. 1337