Sin disparar una bala, así fue la anhelada consumación de la lucha por la independencia de México.

Obviamente se comenzó a trabajar con bastante anterioridad en ello, bajo el liderazgo de un miembro del ejército realista, Agustín de Iturbide, que encabezó esa “revolución de los militares” y que, paradójicamente, no se desarrolló mediante el uso de las armas, sino a través de acuerdos y consensos con Vicente Guerrero, demás líderes insurgentes, y con las élites regionales que se hallaban representadas en los ayuntamientos y en las milicias locales.

Iturbide y demás involucrados en la negociación y consolidación del proyecto Trigarante, tenían plena conciencia de que su movimiento era muy distinto del que había iniciado Miguel Hidalgo en septiembre de 1810.

El Plan de Iguala

El 24 de febrero de 2021 se proclamó el Plan de Iguala, obra de Iturbide, que proponía 24 puntos para alcanzar la independencia y la unidad tratando de dejar a todos lo más satisfechos posible.

Existían muchas diferencias entre las aspiraciones de los actores involucrados, pero hubo tres puntos de conexión que hicieron que la mayoría de combatientes de ambos bandos se fueran sumando al plan: 1) la religión católica, cuya defensa fue postulada por unos y otros; 2) la monarquía moderada, considerada como necesaria para la independencia del reino, aunque entre los insurgentes había algunos que se inclinaban por la novedad de una república; y 3) la idea de independencia absoluta con respecto a España. Por estos tres acuerdos o garantías fue que al nuevo núcleo de fuerzas armadas se le dio el nombre de Ejército Trigarante, y las garantías se condensaron en tres palabras: religión, independencia y unión.

Iturbide envió el Plan de Iguala al virrey, pero éste declaró que el militar estaba fuera de la ley.

Finalmente, el Ejército Trigarante, formando una impresionante columna de 16 mil 134 hombres, entró a la ciudad de México el 27 de septiembre de 1821, desfilando hasta la Plaza Mayor o Zócalo.

El ambiente que se vivía entre la ciudadanía era claramente festivo; y, ante la algarabía y los gritos de júbilo de la multitud que lo esperaba, triunfalmente el Ejército Trigarante puso punto final a la guerra por la independencia.

Firma y reconocimiento

Al día siguiente, 28 de septiembre de 1821, fue firmada el Acta de Independencia del Imperio Mexicano por el militar Agustín de Iturbide, el eclesiástico Antonio Joaquín Pérez y dos representantes del virreinato.

Entonces no fueron tanto los insurgentes y su lucha armada los que lograron la independencia de la Nueva España, sino los conservadores realistas; y sin necesidad de más guerra.

El Ejército Trigarante se convirtió en el Ejército Imperial Mexicano, y, más tarde, con la desaparición de la monarquía y el establecimiento del régimen de república, pasó a conformar el Ejército Nacional Mexicano.

Ahora bien, aunque el virreinato firmó el acta de independencia, España no la reconoció oficialmente sino hasta 15 años después, en 1836, cuando la reina María Cristina renunció a sus bienes.

TEMA DE LA SEMANA: UN BICENTENARIO SIN IDENTIDAD Y SIN MEMORIA

Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 26 de septiembre de 2021 No. 1368