El sacerdote francés Jacques Philippe, que pertenece a la Comunidad de las Bienaventuranzas, es un reconocido autor de libros de espiritualidad. Una de sus obras se titula “La paz interior”.

El autor parte de este principio básico: que la paz interior depende del recorrido que cada uno realice hacia la santidad, ya que la verdadera paz proviene de Dios.

A continuación, presentamos algunas consideraciones de este libro para alcanzar la paz interior:

  • “El hecho de conseguir y conservar la paz interior, imposible sin la oración, debiera ser considerado como una prioridad para cualquiera”.
  • “Si nuestra alma está agitada y turbada, la gracia de Dios actuará con mayor dificultad”.
  • “Dios es el Dios de la paz. No habla ni opera más que en medio de la paz, no en la confusión ni en la agitación”.
  • “Nos inquietamos y nos alteramos pretendiendo resolver todas las cosas por nosotros mismos, mientras que sería mucho más eficaz permanecer tranquilos bajo la mirada de Dios y dejar que Él actué en nosotros con su sabiduría y su poder infinitamente superiores”.
  • “El hombre que se aferra a algo, que quiere salvaguardar su dominio sobre alguna porción de su vida para administrarlo a su conveniencia sin abandonarlo radicalmente en manos de Dios, hace un cálculo muy equivocado: se carga de preocupaciones inútiles y se expone a la inquietud de perderlo”.
  • “Una condición necesaria para la paz interior es lo que podríamos llamar la buena voluntad. También se la podría llamar limpieza de corazón. Es la disposición estable y constante del hombre que está decidido a amar a Dios sobre todas las cosas, que en cualquier circunstancia desea sinceramente preferir la voluntad de Dios a la propia, y que no quiere negar conscientemente cosa alguna a Dios”.
  • “La paz interior no sólo es la condición del combate espiritual, sino que suele ser lo que está en juego. Frecuentemente, el combate espiritual consiste precisamente en eso: en defender la paz interior contra el Enemigo que se esfuerza por arrebatárnosla”.
  • “A veces sentimos más preocupación y angustia por el sufrimiento de un amigo o de un niño, que por el nuestro. En sí, es un hermoso sentimiento, pero no debe ser motivo de desesperación”.
  • “¡Cuántas personas pierden la paz al pretender cambiar a toda costa a quienes les rodean! (…) Tenemos que razonar así: si el Señor no ha transformado todavía a esa persona, no ha eliminado de ella tal o cual imperfección, ¡es que la soporta como es! Espera con paciencia el momento oportuno, y yo debo actuar como Él. Tengo que rezar y esperar pacientemente”.
  • “Si hacemos un esfuerzo de discernimiento y de búsqueda de la voluntad de Dios, el Señor nos hablará por distintas vías (…) Y entonces tomaremos nuestra decisión en paz. Sin embargo, puede ocurrir que el Señor no nos responda. ¡Eso es completamente normal! En ocasiones nos deja simplemente libres; a veces, tiene sus razones para no manifestarse. (…) Haya personas que, a toda costa, traten de obtener la respuesta: multiplican las reflexiones, las plegarias, abren la Biblia diez veces para buscar en el texto la luz deseada. Y todo ello les inquieta y angustia aún más y, sin embargo, no consiguen ver con mayor claridad (…). Si el Señor nos deja así, en medio de la incertidumbre, debemos aceptarlo tranquilamente”.

TEMA DE LA SEMANA: LA PAZ INTERIOR: ¿UNA UTOPÍA EN EL MUNDO ACTUAL?

Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 14 de noviembre de 2021 No. 1375